Extractos de Libros

La Teoría de la Evolución (Abiogénesis y Desarrollo)

La Teoría de la Evolución (Abiogénesis y Desarrollo)

La teoría de la evolución en realidad está dividida en dos partes o casi dos teorías separadas, dos explicaciones del surgimiento y el desarrollo de la vida y su evolución sobre esta Tierra. Y la primer parte o primera teoría está en la explicación del surgimiento de la primera vida, o el surgimiento de la vida terrestre de la materia sin vida. Y la segunda parte o segunda teoría está en la explicación de la evolución y el desarrollo de la vida de esta primera semilla, y por lo tanto lo natural será que expongamos primero el surgimiento y luego pasemos al desarrollo.

Primera: La Teoría de la abiogénesis: (La Primera Semilla)

Los biólogos consideran que en cada célula viva está el secreto de la vida material y que por medio de la cual ocurre la replicación, el crecimiento y la reproducción, y que son los cromosomas o sitio en el que se aloja la información, y que los cromosomas o ácidos nucleicos – ADN consisten en una serie de nucleótidos que son cadenas heterogéneas de cuatro tipos de nucleótidos (A-T-C-G), y estos cuatro tipos representan las letras del lenguaje genético en el que está escrito y con el cual se almacena la información que se transmite en el proceso de copiado cuando se duplican los ácidos nucleicos y por consiguiente, se puede considerar al ADN el elemento que representa a la vida, porque es el elemento que porta la información para su duplicación y la producción de proteínas, y por consiguiente causa la reproducción y el crecimiento. Y alguna diferenciación ocurre como resultado de la combinación del ADN del macho y la hembra, o como resultado del salto reproductivo durante el proceso de reproducción específicamente, o como resultado del bombardeo radioactivo. Hay otro ácido nucleico que es el ARN, sirve como intermediario para transmitir la información durante el proceso de replicación del ADN o la producción de proteínas, pues la información que está en el ADN es leída con la intermediación del ARN y su traducción para la copia nueva de ADN para que ocurra la reproducción, o para una cadena de proteínas que afectan la forma de la célula y su comportamiento para que ocurra crecimiento. Así pues, lo que hace que las células del hígado sean diferentes de las células intestinales son los genes que ejecutan el plan para su construcción. Y esta información o genes está escrita en una forma canónica (acorde a unas reglasN.T.) y en un lenguaje preciso para que el significado llegue al ARN, y entonces ocurre la replicación del ADN o la producción de una serie de proteínas. Tenemos por lo tanto, fábricas e industrias acordes a un plan canónico lingüístico que es la información o los genes.

Y hay más de una hipótesis o teoría de la abiogénesis, entre ellas: la teoría de que un grupo de meteoritos que portaban aminoácidos habría golpeado la Tierra hace mil millones de años y que se habría formado en el agua de la Tierra una sopa de aminoácidos L, y que luego se habrían formado proteínas capaces de replicarse o de formar ARN. Y otra es que el surgimiento de las sustancias químicas en el principio se replicaron hasta que alcanzamos la vida o ADN.

Discusión sobre las hipótesis de la abiogénesis:

En realidad no hay una teoría sobre la abiogénesis demostrada con evidencias científicas, ciertamente son teorías o hipótesis no demostradas.

El ADN y el ARN presente en las células vivas que son considerados replicadores, así como las proteínas que pueden concebiblemente auto-replicarse, consisten en un número muy grande de unidades o moléculas, por lo cual si quisiéramos calcular la probabilidad de que se forme una vez solamente de forma correcta por coincidencia capaz de replicarse llegaríamos a un número incapaz de realizarse científicamente dentro de los límites del tiempo al cual estamos ceñidos sobre esta Tierra.

Y aunque asumiéramos que el comienzo de la abiogénesis haya sido con la más simple de las proteínas que asegure el proceso de auto-replicación y supongamos que fuera muy simple y que esté formada por una serie de 32 aminoácidos solamente, como tenemos 20 tipos de aminoácidos que forman esta serie tendremos el número de probabilidades: 4,294967296 e+41, es decir casi 4 x 1041, es decir un 4 seguido de 41 ceros, y este número es muy grande y representa un índice de probabilidad de que se realice, muy pequeño.

Y en realidad esta cuestión hizo que el Dr. Dawkins en su libro El Relojero Ciego tropiece en suposiciones irreales en un intento desesperado por disminuir el número de ceros por un lado y aumentarlo por otro. Y así la mayoría de los ateos quitan decenas de ceros aquí y agregan otras decenas allá en una forma no científica y descuidada, suponiendo imaginariamente que tal vez al final, lleguen a un número del cual digan que es un número aceptable y que disponga la realización dentro de los límites del tiempo disponibles sobre la Tierra que serían casi mil millones de años en el mejor de los casos.

Y ahora supongamos que el primer milagro haya ocurrido, y que se hayan formado aminoácidos sobre la Tierra en circunstancias excepcionales adecuadas para su surgimiento o llegada, y que se hayan desarrollado en unas circunstancias adecuadas en las cuales aparecieran, y que tuviéramos en la Tierra por cada segundo a lo largo de mil millones de años un intento de que surja una proteína capaz de auto replicarse. El número de intentos disponibles sería 31.449.600.000.000.000, o aproximadamente 3 x 1016. Y si sustrajéramos este número de la cantidad de intentos necesarios aún necesitaríamos 3,9999999999999999999999997 e+41 de intentos, casi 3,9 x 1041 para que sea algo posible. Y como vemos, un intento por segundo a lo largo de mil millones de años casi no afecta al número, y si quisiéramos calcular el tiempo necesario para que la probabilidad se logre en un intento cada segundo, el período de tiempo sería casi 4 e+41 segundos (4 x 1041), es decir, 1034 años. O sea un número seguido de 34 ceros, y es un número tan grande que excede la edad de la Tierra, incluso la edad del universo por mucho. Pues la edad de la Tierra es un número seguido de nueve dígitos, estimado en 4,6 mil millones de años, y la edad del universo un número seguido de diez dígitos estimado en 13,7 mil millones de años.

Y si lo calculáramos por otro camino, es decir que calculáramos cuántos intentos en un solo segundo durante mil millones de años bastarían para que sea algo posible dentro de los límites de probabilidad, la cantidad de intentos en un segundo sería el resultado de dividir la cantidad de intentos necesarios en el tiempo disponible, es decir mil millones de años: y el resultado será 87.627.187.627.187.627.187.521.271,718763 es decir casi 1 e+25 (1025), o sea que necesitaríamos un 1 seguido de 25 ceros de intentos por segundo aproximadamente, o diez millones de millones de millones de millones de intentos por segundo aproximadamente a lo largo de mil millones de años para que sea posible y este número es quimérico.

Y no sólo eso, sino que sabemos que la probabilidad de que haya aminoácidos suficientes en la Tierra es una probabilidad muy pequeña también, y además sabemos que los aminoácidos son de dos tipos: aminoácidos levógiros o aminoácidos dextrógiros, y las proteínas que se admiten en la composición de la vida se construyen de aminoácidos levógiros solamente, y esto significa que nuestras probabilidades anteriores de obtener proteínas funcionarán solamente cuando se formen con aminoácidos levógiros agrupados, y esto significa que las probabilidades de obtener las proteínas que buscamos son la mitad de la potencia de la cantidad de aminoácidos en esta proteína. Por ejemplo: si la cantidad de fabricación de aminoácidos de la proteína buscada fuera 50, la probabilidad de que lo obtengamos será la mitad de la potencia de base 50 y esta posibilidad es muy pequeña, y con la combinación de una insignificante posibilidad de que sucedan estos pasos consecutivos necesarios para el surgimiento completo de una proteína, la posibilidad casi desaparece, volviéndose casi imposible.

Pero hay ateos que hacen cálculos al revés extrayendo de la premisa los números que buscan para que se dé la posibilidad en el resultado, pues el primer problema es la disponibilidad de material de construcción o aminoácidos. Por ejemplo, se refugian en algunas hipótesis que plantean en las investigaciones para resolverlo, tal como que había condiciones en la Tierra, relámpagos detonadores en abundancia durante la formación de la Tierra, que habrían llevado que se produjera, o está la que impone otra quimera, que la Tierra habría sido bombardeada por meteoritos portadores de aminoácidos hace cuatro mil millones de años. Y cuando descubrieron que los aminoácidos tenían que ser solamente levógiros algunos de ellos hicieron otro planteo quimérico, que estos meteoritos habrían sido expuestos a la luz de una estrella de neutrones en su camino hacia la Tierra, etcétera. Por lo tanto todo está construido en hipótesis quiméricas para intentar demostrar que la formación de una proteína auto-replicable sobre la Tierra hace mil millones de años sería algo muy natural. Y con todas las hipótesis quiméricas, y que cada una de ellas sea de una posibilidad tan pequeña que desaparezca, pues ¡¿qué pensar de que se sucedan todas sucesivamente?! Pero aun así algunos de ellos se permiten decir que son razonables y aceptables.

Y según los ateos, es muy razonable que una enorme cantidad de meteoritos cargados de cantidades masivas de aminoácidos haya elegido el planeta Tierra en particular, el cual se compara al el universo como un grano de arena en el desierto, ¡aunque la probabilidad de que esto suceda es tan pequeña que se desvanece!

Y que sería muy razonable que estos meteoritos hayan sido expuestos durante su trayecto hacia nosotros a la luz de una estrella de neutrones como para que se formen aminoácidos levógiros, y… y… y… y… y… Y aun así para ellos, todas estas hipótesis de posibilidades tan pequeñas que desaparecen, son muy razonables. Pero que haya un legislador detrás de las leyes que originaron la proteína auto-replicable o el ADN, no es razonable según los ateos. ¡Y que haya un orador detrás de un plan genético lingüístico tampoco es razonable según los ateos!

Creo que lo que he presentado es suficiente para concluir el tema. ¿Acaso hay alguien razonable, que reconozca que un acontecimiento que casi no tiene posibilidades de ocurrir hasta el límite de desaparecer y que toda la edad del universo no basta para que suceda, diga que sería normal que ocurra durante mil y medio millones de años antes de que exista la vida en la Tierra, y que al mismo tiempo rechace el debate, es decir la posibilidad de que el acontecimiento haya sido milagroso, y que después discuta aferrado a cualquier cáscara para establecer así su imposición?, y al encontrar evidencias científicas de que algunos meteoritos podrían haber golpeado la Tierra en algún momento va más lejos con esta posibilidad y dice que estos meteoritos habrían venido de la profundidad de la galaxia, y que habrían sido reservorios portadores de aminoácido, pero solamente los aminoácidos no cumplen el objetivo, por lo tanto estos reservorios repletos de aminoácidos habrían pasado por una estrella de neutrones que habría estado en su trayecto hacia la Tierra que los habría polarizado y finalmente habría convertido sus cargas de mezcla de aminoácidos dextrógiros y levógiros a aminoácidos levógiros, continuando así hipótesis ficticias para salir del dilema sofocante de posibilidades.

Hay otras hipótesis sobre el ARN o el ADN que presumen algunos químicos o bioquímicos, que la concepción no habría sido con proteínas o ácidos nucleicos sino con sustancias químicas abióticas como polímeros o pedacitos de arcilla que se habrían formado en una forma determinada capaz de replicarse:

“…sus máquinas de supervivencia debieron de ser absorbidas, en una etapa posterior, por el ADN. Si así ocurrió, los replicadores originales fueron totalmente destruidos, ya que ningún rasgo de ellos permaneció en las máquinas de supervivencia modernas. En estos términos, A. G. Cairns-Smith ha formulado la fascinante sugerencia de que nuestros antepasados, los primeros replicadores, puede que no fueran moléculas orgánicas sino cristales inorgánicos —minerales, pedacitos de arcilla.”.1 (Dawkins 1989 “El gen egoísta”, pág. 30)

 

Y estas hipótesis disparatadas siguen siendo nada más que hipótesis, no están basadas en información científica precisa, y depender de lo que ocurre en algunas reacciones químicas en las cuales parecieran replicarse cristales es nada más que depender de un fenómeno irrelevante para el tema de investigación. Y la realidad es que las reacciones químicas no tienen nada que las etiquete como replicadoras de información y de su transmisión. Pues dentro de los límites de las ciencias experimentales y teóricas estas son nada más que hipótesis que no han sido probadas con nada como para ser reconocidas científicamente. No hay diferencia entre ellas y el Gran Espíritu Celestial que ordena las piedras en la costa como cree la tribu primitiva del Dr. Dawkins.2 Por lo tanto no veo razón para debatirlas o responderlas, pues son nada más que suposiciones que no llegan a un nivel científico ni merecen debate ni respuesta.

Y considerando todo, si la opinión cambiara hacia el nivel sub-biológico, es decir al nivel de las reacciones químicas, sería mejor cambiar el debate con los ateos a los principios establecidos de las reacciones químicas, de la física de las partículas atómicas y subatómicas, y las cuatro fuerzas (la nuclear débil, la fuerte, la gravitacional y electromagnética). Como vamos a las fuerzas atómicas y subatómicas nuestro debate debería ser sobre demostrar la existencia de un dios en este nivel sub-biológico, sea molecular, atómico o subatómico. Según la hipótesis de que hay un polímero o algo similar, que haya comenzado a replicarse regularmente y a evolucionar hasta llegar a lo que somos hoy nosotros, la vida habría comenzado de ese polímero en vez de una proteína o un plan genético. Si ese es el caso sería mejor que el debate sea sobre el origen de la materia. Discutiremos esto cuando lleguemos al tópico del Big Bang y probaremos la existencia de un dios en este nivel de investigación y conocimiento. Esto será suficiente para demostrar la existencia de un dios sin importar la presencia y la evolución de la vida física, y si ha llegado a existir por la intervención de un dios o no, y si ha evolucionado aleatoriamente o no, con un propósito o sin él.

Hay una teoría o hipótesis que sugiere que la vida vino prefabricada en algunos meteoritos o rocas algunos cientos de millones de años después de la formación del planeta Tierra. Respecto a esto, hay algunos experimentos dirigidos a determinar si es posible que organismos vivos o replicadores primarios sobrevivan al frío extremo, al calor extremo o a las severas colisiones. También ha sido demostrado que algunos organismos multicelulares pueden vivir en un estado de hibernación sin agua y a temperaturas extremadamente bajas.

Otra teoría o hipótesis es que los primeros replicadores aparecieron en la orilla de los pantanos y océanos que fueron expuestos a ciclos húmedos y secos, y a severas mareas como resultado del acercamiento de la Luna a la Tierra mayor que hoy. Esto, en conjunción con el Sol, podrían haber causado que los aminoácidos se concentren en pequeños estanques y esto habría facilitado la formación de la sopa primordial adecuada para la aparición de los primeros replicadores.

Aún otra teoría o hipótesis, tiene que ver con las condiciones extremas, y supone que la abiogénesis ocurrió o en fuentes termales o en un entorno extremadamente ácido. Esta hipótesis fue presentada debido al descubrimiento de varias formas de vida en las profundidades de los océanos que son capaces de sobrevivir a altas temperaturas. Algunas de ellas pueden también sobrevivir en altos niveles de acidez. Por lo tanto, los primeros replicadores pueden haber surgido bajo condiciones similares, especialmente cuando estas condiciones prevalecían en los primeros cientos de millones de años de la existencia de la Tierra.

En realidad, una persona imparcial puede ver claramente que la teoría propuesta con respecto a la abiogénesis no es una presentación sólida basada en hechos o realidad. Es más, está basada en la base y la hipótesis de que nada existe excepto la naturaleza, y que todo debe ser explicado exclusivamente dentro de los límites de la naturaleza, aunque fuera una serie de una hipótesis imaginaria tras otra. Que tenga éxito una de ellas es absolutamente imposible, mucho menos que tengan éxito todas ellas en serie.

1. Fuente: Dawkins “El Gen Egoísta”, pág. 31.

2. “Una tribu que viviese cerca de la costa podría maravillarse ante esta prueba de clasificación u ordenamiento del mundo, y podría desarrollar un mito para explicarlo, atribuyéndolo, quizás, a un Gran Espíritu celestial con una mente ordenada y un gran sentido del orden.” (Dawkins 1986, 43).

– Esto será discutido luego en el libro.

De hecho, el racionalismo determina que si todas estas bajísimas probabilidades se materializaran en serie, indicaría la manifestación de un milagro, y esto sería indicio de que hay alguien que ha dirigido las cosas de esta forma para lograr este resultado: la existencia de vida en la Tierra.

Como hasta ahora no hay ninguna teoría científica que explique la abiogénesis de una forma aceptable y científica apoyada por pruebas concluyentes, Dawkins, en su libro “El Relojero Ciego”, llega al punto de discutir la posibilidad de que haya ocurrido un cuasi-milagro, como cuando un relámpago golpea a una persona en el mismo momento que lo esperaban, o cuando un relámpago golpea a una persona siete veces como fue documentado en el Libro Guinness de los Records. Dawkins dice que lo que se considera milagroso en un corto período de tiempo no se considera milagroso en un largo período de tiempo -en otras palabras, cuando se dispone de suficiente tiempo. Esto significa que él asume el surgimiento de la célula como un milagro, pero un milagro relativo al tiempo. Para refutar esto, es suficiente con decir que la probabilidad de que surja un organismo autoreplicable es casi inexistente dentro de los límites de tiempo con los cuales estamos familiarizados. De hecho, aunque él quisiera calcular la probabilidad al nivel del universo entero, el número de planetas potencialmente adecuados para que esto ocurra no lo apoyaría, ya que debería incluir la probabilidad de los meteoritos cargados con aminoácidos, la probabilidad de que golpeen la Tierra, la probabilidad de que hayan sido aminoácidos levógiros, y la probabilidad de que un ácido nucleico o una proteína auto-replicable surja, haciéndolo absolutamente merecedor de la descripción de milagroso, sobrenatural y extraordinario. Por lo tanto, hasta los más acérrimos defensores de la idea de que el primer surgimiento de la vida moderna fue un acontecimiento completamente natural dicen que sólo ocurrió una vez y que nunca se repitió. Esta es una confesión implícita de que el abiogénesis es un milagro, o por lo menos, una afirmación difícil y disparatada:*

Los organismos no pueden tener una ausencia total de relación entre sí, ya que es casi cierto que la vida tal como la conocemos se originó sólo una vez en la Tierra. (Dawkins 1996, 258)

*. Además, todo esto no produce aún una célula eucariota adecuada para la evolución y la especiación. Como mucho lo que se podría llegar a obtener sería la producción de una proteína autoreplicable. Digamos que el escenario más posible es que esta proteína pueda convertirse en una célula bacterial viva a través de la evolución. Las células bacteriales se diferencian de las células de las plantas o los organismos animales, las cuales son eucariotas. Comúnmente los organismos conocidos se dividen científicamente en bacterias procariotas y eucariotas, las cuales contienen organelas. La transformación de un organismo, partiendo de una bacteria hasta llegar a una eucariota apta para la evolución y la especiación, es un tema complejo, y la probabilidad de que ocurra es más bien baja. Si fuéramos a calcularla podríamos entrar en el mismo laberinto de probabilidad como antes. La teoría de Margulis dice que las células eucariotas, tales como las células de nuestros cuerpos, son el resultado de la unión de diferentes tipos de bacterias. Por ejemplo, hay una mitocondria dentro del núcleo de nuestras células que tienen un ADN diferente al ADN primario de la célula. Esto significa que ocurrió algún tipo de unión en el pasado, por lo cual hay más de un tipo de ADN celular. La mitocondria se autoreplica, y esto significa que hay más de un mecanismo de replicación en las eucariotas. Sin embargo, la mitocondria usualmente viene sólo de la madre, porque el óvulo es lo suficientemente grande como para alojar a la mitocondria a diferencia del esperma, que es pequeño. Por lo tanto, podemos rastrear el ancestro hembra a través del ADN mitocondrial, tal como podemos rastrear al ancestro macho a través del cromosoma Y ya que sólo existe en el esperma del macho. El cloroplasto, una organela celular eucariota que existe en las plantas, contiene ADN que es diferente al ADN primario de la planta.

En conclusión: no hay explicación lógica y científica para el surgimiento de la vida que esté apoyada con evidencias o por lo menos aceptada por los científicos.

En cuanto a la teoría de la sopa primordial, postular un milagro o una intervención oculta para explicar la disponibilidad de una sopa primordial adecuada para el surgimiento de la vida no puede ser menos probable que postular la disponibilidad natural de la sopa y la subsecuente formación de la proteína.

Podemos decir que postular un milagro divino -después de que hayamos probado la existencia de un dios- hará la cuestión de la abiogénesis más lógica que postular replicadores cristalinos o de arcilla.

No obstante, decir que se han formado y replicado sin intervención externa hasta el punto de producir vida significaría que tendrían que replicarse muchas veces después de la primera replicación, y tendrían que continuar produciendo vida nueva, o al menos un nuevo tipo de replicador primario cada cierto tiempo, hasta hoy, mientras las materias primas estén disponibles. Esto no ha ocurrido antes ni ocurre actualmente. Por lo tanto es incorrecto.

Además, lo mismo se aplica para la teoría de la sopa primordial. Aunque recreemos la sopa primordial en el laboratorio, no es de esperar que produzca una proteína autoreplicable, o un ácido ribonucleico, sin nuestra intervención más allá de fabricar la sopa primordial. Por lo tanto debemos asumir que una intervención externa reunió los compuestos químicos, los cristales, las partículas de arcilla o los aminoácidos en un compuesto capaz de autoreplicarse, multiplicarse y producir la primer vida. Si este fuera el caso entonces ¡¿por qué esta intervención que produjo vida no habría de ser divina intervensión oculta, especialmente después de que hayamos probado la existencia de un dios a su debido tiempo?!

La abiogénesis no tiene una explicación científica. Forma una brecha que la ciencia y los científicos han sido incapaces de llenar a pesar de todas las capacidades de laboratorio disponibles hoy, las cuales, con el propósito de experimentar, disponen las condiciones correctas para simular cualquier período de tiempo en el cual biólogos y bioquímicos esperarían que surja la vida, tal como se habría formado hace cuatro mil millones de años, o incluso menos.

Con respecto a lo mencionado anteriormente, mi objetivo no es rechazar la hipótesis de la abiogénesis, o de la formación de una proteína autoreplicable por algunos medios si están disponibles el material, las condiciones y el tiempo. De hecho, creo en lo que han dicho los Imames (a) y en lo que han predicho los cosmólogos y biólogos: que el universo está repleto de organismos y que no estamos solos. Lo que quise aclarar es que la abiogénesis es un dilema que la ciencia no ha resuelto, porque no ha hallado la salida en torno al problema de la disponibilidad de material y condiciones adecuadas para el surgimiento de la vida -o digamos, como creemos, la implementación del primer plan genético, o la semilla del plan genético-, de las sustancias químicas orgánicas que evolucionaron hasta alcanzar su propósito: el ser humano y el plan genético humano.

En conclusión, no hay hipótesis de valor científico que explique el surgimiento de la vida en la Tierra de forma lógica y aceptable sin postular acontecimientos que son científicamente imposibles. Por lo tanto, hay una oportunidad lógica y aceptable, al menos en este punto, de asumir la intervención de un dios junto al aspecto oculto para explicar la abiogénesis junto a estas hipótesis improbables o casi improbables de ocurrir.

Sin embargo, examinemos la hipótesis a la cual se aferra el partido opuesto -el partido ateo-, la cual es que los replicadores químicos inorgánicos primordiales, hechos de cristales o arcilla, habrían producido una proteína, o que la Tierra era un recipiente de una sopa de aminoácidos levógiros y que el número de intentos habría sido suficiente (así no más, sin tener una explicación científica, lógica, probable de la disponibilidad de esta sustancia). Luego, después de todo esto habríamos adquirido nuestro compuesto de proteínas de sólo aminoácidos levógiros. Si esto hubiera ocurrido, ¿negaría la verdad que Dawkins y otros de ateos de mente similar, intentan pasar por alto: que el plan genético es compuesto, complejo, que obedece una ley, que es lingüístico, y que alcanza un propósito -como demostraremos- y que por ende indicaría un legislador y un orador? Si ellos niegan que Él, o un enviado Suyo, sea el legislador del plan genético, siendo Él la razón oculta detrás de su surgimiento en la Tierra, y si insisten que sólo las causas naturales son la razón de su surgimiento, entonces ¡¿cómo negarán o pasarán por alto el hecho de que avance hacia un propósito, que obedezca a leyes, que utilice un lenguaje, todo lo cual hace que funcione, y que sea indicio del que tiene un propósito, que creó y habló a través de su ley?!

¿Es posible que digamos que el plano para construir un edificio o un puente, cuando es implementado exitosamente, obedece a leyes, que son escritas en un lenguaje de ingeniería y que el que lo escribió es consciente, pero no decir lo mismo cuando vemos el plan genético implementado y funcional? ¡¿Acaso nuestro lenguaje indica que somos conscientes de intenciones con un propósito, pero que el lenguaje genético no indica que su creador u orador entienda y busque alcanzar una intención en particular o un propósito con él?!

Creo que cualquier persona racional diría que si nuestro lenguaje indica que somos seres inteligentes y que buscamos alcanzar intenciones entonces el lenguaje genético indica que hay un orador y un ser con un propósito detrás de él, especialmente desde que ha alcanzado propósitos claros que ahora se han vuelto conocidos para nosotros, tales como la inteligencia -la mejor máquina de supervivencia.

 

(Del libro “La Ilusión del Ateísmo” de Ahmed Alhasan)

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