El estudio del Profesor John McDonald ha encontrado que:36

Todas excepto dos (CERV 1/PTERV 1 y CERV 2) de las 42 familias de retrovirus endógenos de chimpancé se encontraron que tenían ortólogos en humanos.37

Para explicar cómo esto demuestra la evolución, imaginemos que hay un registro de los sucesos de la vida de la especie humana y de los demás grandes simios. Al leer este registro encontramos que todas tienen signos de las mismas lesiones específicas. Estas lesiones dejaron efectos de rastro hace millones de años. La única explicación de la uniformidad de estos efectos de rastro es que afectaron a un ancestro en común de la especie moderna. De otro modo, al calcular las probabilidades, uno ve que es casi imposible que tengan la misma cantidad y calidad de lesiones, y que hayan sufrido los mismos efectos de rastro en el mismo tiempo y lugar.

Utilizando un ejemplo para aclararlo, asumamos que tenemos dos personas, A y B, y que tenemos registros de ambas de su historia ancestral, los cuales al revisarlos muestran que:

Uno de los antepasados de A (asumamos que es el centésimo) tuvo una herida de un centímetro de largo en una ubicación determinada sobre su brazo derecho que ocurrió en una fecha determinada.

También encontramos que uno de los antepasados de B (también el centésimo) tiene una herida de un centímetro de largo en la misma ubicación sobre su brazo derecho, y que ocurrió en la misma fecha.

Encontramos que uno de los antepasados de A (asumamos que es el septuagésimo) se lesionó su ojo izquierdo y terminó con un solo ojo en una fecha determinada.

Encontramos que uno de los antepasados de B (el septuagésimo) se lesionó su ojo izquierdo y terminó con un ojo en la misma fecha.

Estos sucesos idénticos y comunes se repitieron decenas de veces en sus ancestros de esta manera.

Ahora, cualquiera que observe esta historia concluirá que estos antepasados son los mismos individuos: ancestros comunes que unen a estos dos individuos, A y B.

Sin duda, la evidencia genética de la evolución es abundante. No pretendo pasar por todo eso, así que terminaré citando al doctor genetista Francis Collins, que discute algo de la evidencia que él mismo descubrió durante su estudio del plan genético humano, de algunos mamíferos y otros organismos.38

Cuando contraje malaria en África Oriental en 1989, a pesar de haber tomado la profilaxis recomendada (cloroquina). Aleatoriamente ocurrieron variaciones naturales en el genoma del parásito de la malaria, sujeto a la selección durante muchos años de uso extensivo de la cloroquina en esa región del mundo, dio como resultado al final un patógeno que era resistente a la droga, y que por lo tanto, se propagaba rápidamente. De forma similar, rápidos cambios evolutivos en el virus del HIV que causa el SIDA han constituido un desafío mayor al desarrollo de vacunas, y son la causa principal de la recaída final en los tratados con drogas contra el SIDA. Aún más a los ojos del público, los temores de un brote de gripe pandémica de la cepa H5N1 de gripe aviar se basan en la alta probabilidad de que la cepa actual, devastadora como ya lo es con los pollos y unos cuantos seres humanos que han tenido estrecho contacto con ellos, evolucione en una forma que se propague fácilmente de persona a persona. Verdaderamente se puede decir que no sólo la biología sino la medicina sería imposible de entender sin la teoría de la evolución (Collins 2006, 133).

El estudio de los genomas conduce inexorablemente a la conclusión de que nosotros, humanos, compartimos un ancestro en común con otros seres vivos…

Por supuesto que esta sola evidencia no prueba un ancestro en común; desde una perspectiva creacionista, tales similitudes podrían demostrar simplemente que Dios ha utilizado principios de diseño exitosos una y otra vez. Como veremos, sin embargo, y como se prefiguró anteriormente por la discusión de las mutaciones “silenciosas” en las regiones codificadoras de proteínas, el estudio detallado de los genomas ha hecho que esa interpretación sea prácticamente insostenible –no solo acerca de todas las demás cosas vivientes, sino también acerca de nosotros mismos.

Como primer ejemplo, observemos la comparación entre los genomas del ser humano y el ratón, de los cuales ambos han sido determinados con alta exactitud. El tamaño total de los dos genomas es aproximadamente el mismo, y el inventario de los genes codificadores de proteínas es notablemente similar. Pero otros signos inconfundibles de un antepasado en común aparecen rápidamente cuando uno mira los detalles (Collins 2006, 133-34).

A menos que uno tenga la voluntad de tomar el lugar en el que Dios ha ubicado estos AREs decapitados en estas ubicaciones precisas para confundirnos y desviarnos, la conclusión en un ancestro en común de humanos y ratones es virtualmente inaceptable. Este tipo de datos recientes del genoma de esta manera presenta un desafío abrumador para todos los que sostienen la idea de que todas las especies fueron creadas ex nihilo (Collins 2006, 136).

Cuando uno compara al chimpancé y al humano, aparecen genes ocasionales que son claramente funcionales en una especie pero no en la otra, porque han adquirido una o más mutaciones deletéreas. El gen humano conocido como caspase-12, por ejemplo, ha sufrido varios golpes de knock-out, aunque se ha encontrado en la ubicación relativa idéntica en el chimpancé. El gen caspase-12 del chimpancé funciona bien, como lo hace el gen similar en casi todos los mamíferos, incluyendo a los ratones. Si los seres humanos han surgido como consecuencia de un acto sobrenatural de creación especial, ¿por qué Dios se habría tomado la molestia de insertar un gen no funcional en este precisa ubicación? (Collins 2006, 138-39).

Una vez que el genetista Francis Collins hubo presentado la evidencia genética para probar la teoría de la evolución, hizo el siguiente comentario:

En este punto, los materialistas sin Dios podrían estar animándose. Si los humanos evolucionaron estrictamente por mutación y selección natural, ¿quién necesita de Dios para explicarnos? A esto respondo: Yo. La comparación de las secuencias del chimpancé el humano, interesante como es, no nos dice qué significa ser humano. Desde mi punto de vista, la secuencia de ADN solamente, aunque vaya acompañada de una gran cantidad de datos sobre la función biológica, nunca explicará algunos atributos especiales del humano, tal como el conocimiento de la Ley Moral y la búsqueda universal de Dios. Liberar a Dios de la carga de los actos especiales de la creación no lo quita como fuente de las cosas que hacen a la humanidad especial, ni del universo en sí mismo. Meramente nos muestra algo de cómo Él opera (Collins 2006, 140-41).

  1. El Dr. John McDonald recibió su doctorado en genética en la Universidad de California. Es profesor en Georgia Tech y dirige una investigación del cáncer sobre la biología molecular del cáncer.
  2. Nalini Polavarapu, Nathan J. Bowen y John F. McDonald, “Identification, Characterization And Comparative Genomics Of Chimpanzee Endogenous Retroviruses”, Genome Biology 7, no. 6 (2006): R51.
  3. El Dr. Francis Collins, nació en 1950, es un genetista estadounidense que dirigió el Proyecto del Genoma Humano. Como genetista, cree en la teoría de la evolución, y al mismo tiempo, cree también en la existencia de Dios. Publicó múltiples libros intentando defender científicamente su creencia en la existencia de Dios.

 

Extracto del libro “La Ilusión del Ateísmo” de Ahmed Alhasan (a)

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s