Extractos de Libros

El argumento de que la pequeña parte necesaria para que la evolución comience no tiene ningún beneficio real para que el proceso evolutivo de la selección natural produzca variación

¿De qué sirve media ala? ¿Cómo empezaron las alas? Muchos animales saltan de rama en rama, y a veces caen al suelo. Especialmente en un animal pequeño, toda la superficie del cuerpo coge el aire y ayuda al salto, o frena la caída, actuando como un alerón tosco. Cualquier tendencia a aumentar la relación entre el área superficial y el peso ayudaría, por ejemplo, las aletas de piel que crecen en los ángulos de las articulaciones. Desde aquí, hay una serie continua de gradaciones a alas que se deslizan, y de ahí a las que aletean. Obviamente hay distancias que no podían saltar los primeros animales con protoalas. Igualmente obviamente, para cualquier grado de pequeñez o tosquedad de superficies ancestrales de captura de aire, debe haber alguna distancia, que puede ser saltada con la aleta y que no puede ser saltada sin la aleta.

O, si el prototipo de aleta de ala funcionó para frenar la caída del animal, no se puede decir que “por debajo de cierto tamaño las aletas no tendrían ninguna utilidad en lo absoluto”. Una vez más, no importa qué tan pequeñas y diferentes al ala sean las primeras aletas de ala. Debe haber alguna altura, llamémosla h, tal que un animal se rompería el cuello si cayera de esa altura, pero sobreviviría si cayera desde un altura ligeramente inferior. En esta zona crítica, cualquier mejora de la capacidad de la superficie corporal para atrapar el aire y frenar la caída, por leve que sea la mejora, puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. La selección natural favorecerá entonces a los prototipos leves de aletas de ala. Cuando estas pequeñas aletas de ala se hayan convertido en la norma, la altura crítica h será ligeramente mayor. Ahora un leve aumento adicional en las aletas de ala hará la diferencia entre la vida y la muerte. Y así sucesivamente, hasta que tengamos alas apropiadas.

Hay animales vivos hoy que ilustran maravillosamente cada etapa del continuo. Hay ranas que se deslizan con grandes redes entre los dedos de los pies, serpientes de árboles con cuerpos aplanados que atrapan el aire, lagartos con aletas a lo largo de sus cuerpos; y varios diferentes tipos de mamíferos que se deslizan con membranas estiradas entre sus extremidades, mostrándonos el tipo de forma en que los murciélagos debieron haber empezado. Al contrario de la literatura creacionista, no sólo son comunes los animales con “media ala”, sino también los animales con un cuarto de ala, tres cuartos de ala, etc. La idea de un continuo volador se hace aún más persuasiva cuando recordamos que los animales muy pequeños tienden a flotar suavemente en el aire, cualquiera sea su forma. La razón por la que esto es persuasivo es que hay un continuo graduado infinitesimalmente de pequeño a grande.

La idea de pequeños cambios acumulados a lo largo de muchos pasos es una idea inmensamente poderosa, capaz de explicar una enorme gama de cosas que de otro modo serían inexplicables. ¿Cómo empezó el veneno de serpiente? Muchos animales muerden, y el escupitajo de cualquier animal contiene las proteínas que, si llegan a entrar en una herida, pueden causar una reacción alérgica. Incluso las serpientes llamadas no venenosas pueden dar mordiscos que causan una reacción dolorosa en algunas personas. Hay una serie continua y escalonada, desde la saliva ordinaria hasta el veneno mortal.

¿Cómo empezaron los oídos? Cualquier parte de la piel puede detectar vibraciones si entra en contacto con objetos vibrantes. Esta es una extensión natural del sentido del tacto. La selección natural podría fácilmente haber aumentado esta facultad gradualmente hasta que fuera lo suficientemente sensible como para captar vibraciones de contacto muy leves. En este punto habría sido automáticamente lo suficientemente sensible como para captar vibraciones en el aire de suficiente volumen y/o suficiente proximidad de origen. La selección natural favorecería entonces la evolución de los órganos especiales (oídos) para captar vibraciones aéreas originadas por distancias cada vez mayores. Es fácil ver que habría habido una trayectoria continua de mejora paso a paso, todo el camino. ¿Cómo empezó la ecolocalización? Cualquier animal que pueda oír en absoluto puede oír ecos. Los ciegos suelen aprender a hacer uso de estos ecos. Una versión rudimentaria de tal habilidad en mamíferos ancestrales habría proporcionado una amplia materia prima para la que selección natural construya, llevando gradualmente a la alta perfección de los murciélagos.

Un cinco por ciento de visión es mejor que nada. Un cinco por ciento de audición es mejor que nada. Un cinco por ciento de cualquier eficiencia en el vuelo es mejor que nada. Es posible que cada órgano o aparato que vemos en la actualidad sea el producto de una trayectoria uniforme a través del espacio animal, una trayectoria en la que cada estadio intermedio contribuyó a la supervivencia y a la reproducción. (Dawkins 1996, 89-91).

Extracto del libro “La Ilusión del Ateísmo” de Ahmed Alhasan (a)

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