La evolución o el desarrollo a través de la selección natural tiene tres pilares: variación, selección y herencia. Sus factores internos son la variación y la herencia, mientras que su factor externo es la supervivencia del más apto, o la selección natural del más apto. Por lo tanto, podemos decir que la evolución a través de la selección natural es un proceso sujeto a una ley porque tiene varias leyes que lo gobiernan. Podemos decir también que es un proceso preciso gobernado por una constitución con varias leyes. Si Dios quiere, demostraremos cómo es esta ley precisa y constitución y cómo es que debe tener un legislador para lograr un determinado propósito claro.68

La selección natural tiene lugar a través del medio ambiente, ya sea por la naturaleza circundante –tal como las condiciones del clima de calor, frío, humedad, nieve, aguas profundas o poco profundas, agua pura o lodo-, por la hostilidad, es decir, depredar o ser presa, o por el deseo, tal como la selección sexual.

Con respecto a la selección natural basada en la selección del mecanismo de hostilidad, o de depredar o ser presa, también está sujeta a una ley e indica un legislador. A nivel de los herbívoros, estos han desarrollado un sistema de digestión y nutrición adecuados para su alimentación. Las plantas también han desarrollado mecanismos de defensa, tales como las espinas. Al nivel de los carnívoros, estos han desarrollado mecanismos de caza tales como la velocidad, los dientes caninos, la visión poderosa y el camuflaje. Mientras tanto, la presa desarrolló la capacidad de camuflarse, de moverse rápidamente y de elegir los momentos adecuados para alimentarse. Por lo tanto, encontrará que los organismos se fortalecen mutuamente y coevolucionan, algo que, como unidad integral, no puede ser llamado aleatorio. De hecho, representa un sistema sujeto a una ley, y por lo tanto indica un organizador o legislador.

Un ejemplo de selección sexual es cuando algunas aves hembras elijen al macho con las plumas más largas o más coloridas.

Cuando vemos un instrumento complejo y sofisticado como un telescopio o un microscopio, concluimos en que hay un diseñador que lo fabricó, y una ley que gobernó su fabricación. De esta manera, no es razonable que no saquemos la misma conclusión al ver otro instrumento complejo y sofisticado que se le asemeja en cierta medida, a saber, el ojo. Dejaré que el biólogo ateo Dawkins nos describa el ojo como él, un especialista, lo ve:

Este nivel de magnificación muestra el ojo como un instrumento óptico. La semejanza con una cámara fotográfica es obvia. El diafragma del iris es responsable de la constante variación de la apertura, el «stop f». El cristalino, sólo una parte de un sistema lenticular compuesto, es el responsable del enfoque variable. La distancia focal se cambia comprimiendo el cristalino por acción de los músculos (o en los camaleones moviendo el cristalino hacia adelante o hacia atrás, como en las cámaras hechas por el hombre). La imagen se proyecta sobre la retina, en la parte posterior, donde excita las fotocélulas. Las células sensibles a la luz («fotocélulas») no son lo primero con lo que se encuentra la luz, sino que están sepultadas en el interior, enfocadas en sentido contrario a la luz… La primera cosa que encuentra la luz es, de hecho, la capa de células ganglionares que constituye la «interface electrónica» entre las fotocélulas y el cerebro. En realidad, las células ganglionares tienen la responsabilidad de pre-procesar la información con medios sofisticados, antes de transmitírsela al cerebro y, de alguna manera, la palabra «interface» no hace justicia a esto. «Procesador periférico» podría ser un nombre más adecuado. Las conexiones de las células ganglionares discurren a lo largo de la superficie de la retina hasta la «mancha ciega», donde se sumergen a través de la retina para formar el tronco del cable principal hacia el cerebro, el nervio óptico. Hay alrededor de tres millones de células ganglionares en la «interface electrónica», que recogen datos de unos 125 millones de fotocélulas… Según se contempla su fina arquitectura, hay que recordar que toda esa complejidad se repite 125 millones de veces en cada retina. Y que una complejidad similar se repite billones de veces en cualquier parte de la unidad corporal. La cifra de 125 millones de fotocélulas es unas 5.000 veces el número de puntos que pueden resolverse separadamente en una fotografía periodística de buena calidad. Las membranas plegadas… son las estructuras que recogen la luz. Su estructura en capas aumenta la eficacia de la célula para capturar fotones, las partículas fundamentales de las que está formada la luz. Si un fotón no es capturado por la primera membrana, puede ser capturado por la segunda, etc. El resultado es que algunos ojos son capaces de detectar un solo fotón. Las emulsiones fotográficas más rápidas y sensibles utilizadas por los fotógrafos necesitan unos 25 veces más fotones para detectar un punto de luz. Los objetos de forma alongada situados en la parte media de la célula son, en su mayoría, mitocondrias… Cada una puede imaginarse como una factoría química que, en el proceso de distribuir su producto primario, la energía utilizable, procesa más de 700 sustancias químicas diferentes, en largas y entrecruzadas cadenas de montaje extendidas a lo largo de la intrincada superficie de sus membranas internas plegadas… Cada núcleo, como veremos en el capítulo 5, contiene una base de datos codificada digitalmente mayor, en contenido de información, que los 30 volúmenes de la Enciclopedia Británica juntos. Y esta cifra es para cada célula, no para todas las células del cuerpo juntas… Cuando uno come un trozo de carne, se está destruyendo el equivalente a más de 100.000 millones de copias de la Enciclopedia Británica. (Dawkins 1996 “El Relojero Ciego”, 17-18).

Este ensamblado, complejidad y precisa y organización obligaron a Dawkins, a pesar de ser un ateo, a admitir que hay un orden y una no aleatoriedad o coincidencia en toda este hermoso y espléndido ensamblado y complejidad. Sin embargo, debido a que es un ateo, dividió los mecanismos de la evolución con el objetivo de debilitar el hecho que indica que la evolución está sujeta a una ley y que tiene un propósito como un todo, y negó el propósito.

Por lo que podría decir que hay un relojero de relojes sofisticados y complejos de acuerdo a una ley precisa, sin embargo, como Dawkins no desea ver el propósito, dijo que este relojero no es consciente, o que es ciego, por lo que este relojero sería simplemente la naturaleza misma. La verdad de esta cuestión es que, reconociendo la ley, Dawkins se puso en una posición en la que no tiene otra opción que reconocer al legislador, y el legislador es inevitablemente consciente. Por lo tanto, queda demostrado que hay un relojero consciente, o un dios. Hemos explicado anteriormente el propósito al que Dawkins estaba ciego, y lo haremos más adelante y con más detalle, si Dios quiere.

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Figura 8. Nilsson y otros. Ilustración que demuestra las etapas de la evolución del ojo.
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Figura 9. Etapas de la evolución del ojo, así como también el número de generaciones esperadas para cada etapa de la evolución.

Cuando consideramos el sonar, o el ultrasonido, concluimos que hay un diseñador que fabricó este complejo y sofisticado dispositivo que puede encontrar submarinos en las profundidades de los océanos y piedras en la vesícula biliar humana. Entonces, ¿es razonable que no saquemos la misma conclusión cuando nos encontramos con el sonar en el delfín o el murciélago? Los delfines atlánticos pueden identificar la forma de los objetivos, y la distancia entre los objetivos que están muy juntos. La sofisticada tecnología del sonar (ultrasonido) en los murciélagos les permite moverse en la noche, para pasar graciosamente los obstáculos, y para distinguir entre la frecuencia de sus propios ecos y el de otros murciélagos, o ruidos. Utilizando su sonar, el murciélago puede cazar fácilmente a su presa en la noche, como algunas especies de murciélagos –tales como el murciélago de herradura- que tienen la capacidad al volar de calcular la velocidad relativa del movimiento entre ellos mismos y su presa en movimiento utilizando el efecto Doppler. Esto significa que utilizan una tecnología de radar más sofisticada que la del radar de tráfico inmóvil que calcula la velocidad de un automóvil que se mueve por la carretera. Además, los murciélagos desarrollaron su sonar millones de años antes de nosotros.

Si decimos que el sonar de un barco, o de un médico, o un radar de tráfico fue diseñado por un diseñador de acuerdo a una ley precisa y coherente para cumplir el propósito para el cual fue hecho, entonces debemos decir que el sonar del murciélago fue diseñado por un diseñador de acuerdo a una ley precisa, para cumplir el propósito para el cual fue hecho, con plena competencia, como podemos ver. Los murciélagos utilizan la sofisticada tecnología de la ecolocalización. Como dijo Dawkins:

Estos murciélagos son como aviones espía en miniatura, repletos de instrumentos sofisticados. Sus cerebros son paquetes de electrónica mágica miniaturizada delicadamente sintonizada, programada con el complejo software necesario para decodificar un mundo de ecos en tiempo real. Sus caras están con frecuencia distorsionadas en forma de gárgolas, y nos parecen feas hasta que nos damos cuenta para lo que son: instrumentos diseñados de forma exquisita para emitir ultrasonidos en la dirección deseada. (Dawkins 1996, “El Relojero Ciego”, 24).

Por lo tanto, el sonar en los murciélagos confirma un hecho importante, a saber, que no fue hecho aleatoriamente. Al contrario, hay un sistema y una ley que gobierna y perfecciona su realización con el fin de lograr el objetivo de la mejor manera posible.

Darwin llegó a una importante conclusión después de discutir sobre los instintos y su evolución:

… es muchísimo más satisfactorio considerar instintos, tales como el del cuclillo joven, que expulsa a sus hermanos adoptivos; el de las hormigas esclavistas; el de las larvas de icneumónidos, que se alimentan del cuerpo vivo de las orugas, no como instintos especialmente creados o fundados, sino como pequeñas consecuencias de una ley general que conduce al progreso de todos los seres orgánicos; o sea, que multiplica, transforma y deja vivir a los más fuertes y deja morir a los más débiles. (Darwin, 1859, 131).69

La conclusión a la que llegó Darwin representa una clara declaración de que la teoría de la evolución, por sí misma, indica la existencia de un dios, porque la teoría de la evolución es, según la conclusión anterior, una ley precisa de desarrollo. Una vez que lo vemos, no podemos negar o ignorar que detrás hay un legislador consciente, conocedor, sabio y que tiene un propósito con todo el sentido de la palabra, como aclararemos. Esto prueba, más allá de la duda, la existencia de un dios. Dawkins dice también:

Dado que la complejidad de los seres vivos encarna la antítesis total del azar, si se piensa esto del darwinismo, ¡resultará fácil refutarlo! Una de mis tarcas consistirá en destruir este mito tan ampliamente extendido de que el darwinismo es una teoría de «azar». (Dawkins 1996, XV).

Aquí, Dawkins decide que la selección natural está sujeta a una ley y que no es aleatoria en lo absoluto, y que está gobernada por un orden. Sin embargo, como ateo, Dawkins niega el propósito. Habiendo reconocido el orden y la ley, cree que negar el propósito será suficiente para negar la existencia de un dios hacedor de la ley y organizador.

El Dr. Richard Dawkins dice:

Paley compara el ojo con un instrumento diseñado como el telescopio, para concluir que «existen exactamente las mismas pruebas de que el ojo fue hecho para la visión, como de que el telescopio fue hecho para ayudarle en su función». Por lo tanto, el ojo debe haber tenido un diseñador, de la misma forma que lo tuvo el telescopio.

El argumento de Paley está formulado con una sinceridad apasionada e ilustrado con los conocimientos biológicos más avanzados de su tiempo, pero es erróneo, gloriosa y rotundamente erróneo. La analogía entre el telescopio y el ojo, entre un reloj y un organismo vivo, es falsa. Aunque parezca lo contrario, el único relojero que existe en la naturaleza es la fuerza ciega de la física, aunque desplegada de manera especial. Un verdadero relojero tiene una previsión: diseña sus engranajes y muelles, y planifica las conexiones entre sí, con una finalidad en mente. La selección natural, el proceso automático, ciego e inconsciente que descubrió Darwin, y que ahora sabemos que es la explicación de la existencia y forma de todo tipo de vida con un propósito aparente, no tiene ninguna finalidad en mente. No tiene mente ni imaginación. No planifica el futuro. No tiene ninguna visión, ni previsión, ni vista. Si puede decirse que cumple una función de relojero en la naturaleza, ésta es la de relojero ciego. (Dawkins 1996, 5.)70

Como es completamente claro, Dawkins admite que hay un producto complejo, que hay una ley que lo produce, y un hacedor. Simplemente no ve el propósito, por lo que dice que el hacedor no tiene ningún propósito y decide que el hacedor no es consciente de lo que está haciendo, y por lo tanto el hacedor es meramente la naturaleza. Con esto, Dawkins niega la existencia de un dios. Sin embargo, dado que Dawkins es un biólogo estimado –y no un filósofo como algunos quieren describirlo- ha sido pasado por alto un poco. Para él admitir la existencia de una ley y un producto complejo sujeto a una ley es suficiente para probar al legislador y hacedor consciente. Además, que él no vea el propósito no significa que el propósito no exista. Para negar la existencia del propósito debe demostrar absolutamente que no existe, lo cual no puede hacer. Ya hemos demostrado el propósito, y si Dios quiere demostraremos más adelante el propósito, cerrando así muchos medios de escape para el ateísmo a través de la selección natural.

La utilización de sonidos y ecos por los murciélagos es solo uno de los miles de ejemplos que podría haber escogido para insistir sobre el lema del buen diseño. Desde un punto de vista práctico, los animales parecen haber sido diseñados por un ingeniero o un físico teóricamente sofisticado e ingenioso, pero no hay evidencia de que los propios murciélagos comprendan la teoría en el mismo sentido en que lo hace un físico. Hay que pensar en un murciélago como algo análogo al instrumento de control de radar de la policía, y no a la persona que lo diseñó. El diseñador del radar que usa la policía para medir la velocidad comprendió la teoría del efecto Doppler, y la expresó en ecuaciones matemáticas, escritas explícitamente sobre un papel. La comprensión del diseñador está incorporada en el diseño del instrumento, pero el instrumento no comprende por sí mismo cómo funciona. El instrumento contiene componentes electrónicos conectados de manera que comparan dos frecuencias de radar automáticamente, y convierten el resultado en unidades prácticas: kilómetros por hora. Los cálculos implicados son complejos, pero se hallan dentro de las posibilidades de una cajita de modernos componentes electrónicos conectados correctamente. Está claro que un cerebro consciente sofisticado realizó las conexiones (o, por lo menos, diseñó el circuito), pero no hay ningún cerebro consciente implicado en el funcionamiento de la caja minuto a minuto.

    Nuestra experiencia de la tecnología electrónica nos ayuda a aceptar la idea de que una maquinaria inconsciente pueda comportarse como si comprendiese ideas matemáticas complejas. Esta idea es directamente transferible al funcionamiento de la maquinaria viviente. Un murciélago es una máquina, cuya electrónica interna está tan bien conectada que los músculos de sus alas le hacen dar en el blanco de un insecto, como un misil dirigido inconsciente da en el blanco de un avión. Hasta aquí nuestra intuición, derivada de la tecnología, es correcta. Pero nuestra experiencia tecnológica nos prepara también para ver la mente de un diseñador consciente, con una finalidad, en la génesis de esta sofisticada maquinaria Es esta segunda intuición la que resulta errónea en el caso de la maquinaria viva. En este caso, el «diseñador» es la selección natural inconsciente, el relojero ciego.

La verdad es que, cualquiera que lea las palabras de Dawkins entenderá que este científico especialista está admitiendo que el sonar natural de los murciélagos es sin duda la expresión de una ley y un legislador. Y si se añade al sonar natural la interacción extremadamente precisa entre el resto de los mecanismos del murciélago, como las alas, entonces la cuestión de la formulación de la ley se vuelve cien por ciento cierta. Además, hay una interacción entre las partes del murciélago, como las alas, con su sonar natural, con una precisión extremadamente alta, lo que hace que el cien por ciento confirme que hay una ley y un legislador.

Por lo tanto, Dawkins admite el diseñador, pero niega que el diseñador tenga un propósito. Por esta razón, llama al diseñador el relojero ciego. Dawkins pretende todo lo que estas palabras significan, incluyendo todas las contradicciones que llevan. Él afirma que su libro El Relojero Ciego resuelve esta contradicción.

En realidad, no resuelve nada. En lugar de eso, es un intento por dividir una gran fábrica, o una gran industria, en etapas con pequeñas fábricas o líneas de producción en el curso de estudiar esta gran industria, para ocultar su propósito dividiéndola.

Por ejemplo, podemos dividir cualquier industria para decir que no tiene la intención de alcanzar ningún propósito final de la misma manera que lo hizo. Echemos un vistazo a la industria de lana o algodón, incluyendo la limpieza y la preparación del algodón o la lana para el hilado. Cualquiera que vea este proceso externamente como partes, fábricas o líneas de producción separadas, puede decir que esta industria inicialmente no tenía la intención de alcanzar un propósito final. Lo único que existe es el propósito a corto plazo de cada línea de producción, y la línea siguiente se beneficia del propósito de la línea anterior.

Lo que sucede en el primer paso, por ejemplo, es un proceso de limpieza, preparación y clasificación del material útil del que no es útil. Después, la fábrica de hilado recibe uno de los productos de la fábrica de limpieza y preparación, apto para la hilatura y para hilarlo exclusivamente en diversas fibras. Cada fibra puede ser utilizada para la manufactura de un hilado diferente. Luego una fábrica de tejidos en particular selecciona uno de los productos hilados y es utilizado para producir un tejido en particular. Finalmente, una fábrica de costura elige sólo un tejido para hacer una camisa en particular. Quien observe cada línea de producción por sí mismo podrá decir que el proceso no tiene ningún propósito a largo plazo y que el producto final es casual e involuntario, como hace Dawkins. Sin embargo, quien observa el proceso como un trabajo integral puede ver el propósito claramente desde el principio, lograr la producción de ropa, sábanas y cortinas. Nuestra visión del propósito final no es afectada porque el proceso industrial tenga muchas ramificaciones de propósito a corto plazo, pérdidas, y material dañado a lo largo del viaje de la manufactura.


  1. Toda constitución legal, ya sea para gobernar o para un trabajo en particular, tiene un número de leyes. A veces, en algunos puntos, estas leyes entran en conflicto. Como resultado, alguna de ellas puede pasar mientras que otra queda suspendida, o ambas pueden pasar de manera parcial, o ambas son suspendidas, conduciendo a una tercera ley en la constitución para resolver este problema constitucional. Como tal, la constitución es un conjunto de leyes para administrar una función determinada. La constitución no puede ser criticada o considerada sin un propósito sobre la base de causar una pérdida a la persona afectada cuando se trata de una cuestión excepcional determinada, o la existencia de un problema con el dador original o creador.
  2. Los cuclillos hembras ponen sus huevos en los nidos de otras aves. Cuando el polluelo del cuclillo sale del cascarón, realiza directamente un proceso instintivo donde expulsa los huevos, y a cualquier otro polluelo que ya haya salido o esté saliendo del cascarón en el nido. De esta manera, toma control del nido, ya que el ave anfitriona lo alimentará y lo criará, creyendo que es suyo, pero en su lugar, es el polluelo del cuclillo, el que mató a los polluelos del ave anfitriona y expulsó los huevos del nido.
  3. William Paley (1743-1805) fue un famoso teólogo del siglo XVIII. Publicó el libro Teología Natural en 1802. Aquí, Dawkins se refiere a las secciones del libro de Paley.

Extracto del libro “La Ilusión del Ateísmo” de Ahmed AlHasan (a)

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