Hay mecanismos avanzados, o dispositivos compuestos y complejos, tales como el ojo y el sonar, que han sido alcanzados por animales muy distantes entre sí. Su evolución comenzó de puntos de partida y líneas de evolución completamente independientes, pero alcanzaron el mismo resultado. La ecolocalización está presente en los murciélagos, en los guácharos que construyen sus nidos en cuevas semioscuras, y en ballenas y delfines que viven en el agua. Aunque son animales completamente diferentes con hábitats diferentes, han alcanzado el mismo resultado. Ya sea el medio de transmisión de ondas el aire (como en los murciélagos), o el agua (como en las ballenas), y ya sean las ondas ultrasonido (como en los murciélagos), o sonido audible (como en los guácharos), el resultado alcanzado por todos ellos es el mismo: la capacidad de utilizar ondas para determinar la ubicación.

Además, el ojo del pulpo parece ser parecido a nuestros ojos, aunque anatómicamente es muy diferente. Los “cables” que unen las fotocélulas con el cerebro de nuestro cuerpo recorren la superficie de la retina para formar una red que bloquea la luz hasta cierto punto. En el ojo del pulpo, por otro lado, los cables que salen de las fotocélulas no avanzan, de tal manera que pasan delante de él y bloquean la luz. Esto significa que el punto de partida de la evolución del ojo del pulpo es ciertamente diferente del punto de partida de nuestro ojo, sin embargo, la evolución nos llevó a nosotros y al pulpo al mismo resultado: ojos para la visión que son casi idénticos. Esto significa que la visión es parte del propósito de la evolución, puesto que caminos evolutivos completamente diferentes con puntos de partida completamente diferentes alcanzaron el mismo resultado al final de la evolución con la que estamos familiarizados, es decir, en la presente era. Hasta Dawkins confirma este hecho, aunque sin darse cuenta de que demostrando esto ha demostrado que la evolución tiene un propósito.

…es muy poco probable que el mismo trayecto evolutivo sea recorrido dos veces. Y parece también poco probable, por las mismas razones estadísticas, que dos líneas de evolución converjan exactamente en el mismo punto final, desde distintos puntos de partida.

    Constituyen, por tanto, el testimonio más llamativo del poder de la selección natural, los numerosos ejemplos que encontramos en la vida real, en los que líneas de evolución independientes han convergido desde puntos de partida muy distintos, en lo que parece ser un mismo punto final. Cuando los examinamos detenidamente, encontramos -sería preocupante si no fuera así- que la convergencia no es total. Las diferentes líneas de evolución dejan ver sus orígenes independientes en numerosos detalles. Por ejemplo, los ojos de los pulpos son muy parecidos a los nuestros, pero los cables que salen de sus fotocélulas no apuntan hacia la luz, como los nuestros. A este respecto, están diseñados con una mayor «sensibilidad». Han llegado a un punto final similar, desde un punto de partida muy distinto. Y el hecho se revela en detalles como éste. (Dawkins 1996, “El Relojero Ciego”, 94-95).

Por lo tanto, la evolución de las partes, tales como el ojo, han alcanzado un propósito, aunque los puntos de partida y los caminos evolutivos hayan sido diferentes. Dawkins expresó su asombro con este resultado:

…Constituyen, por tanto, el testimonio más llamativo del poder de la selección natural…

En efecto, Dawkins encuentra asombroso que el resultado sea el mismo a pesar de las diferencias de ambos puntos de partida y caminos, aunque se niega a admitir que este resultado convergente de diferentes caminos sea un claro propósito de la evolución, porque si admite el propósito, admite que Dios existe. Este es un resultado que al cual no desea llegar, aunque sea un cristal claro.

Así pues, por lo menos dos grupos de murciélagos, dos grupos de pájaros, las ballenas dentadas, y probablemente otras clases de mamíferos, en menor extensión, han convergido independientemente en un momento dado en la tecnología del sonar, durante los últimos cientos de millones de años. No tenemos forma de saber si esta tecnología evolucionó también por separado en algún otro animal ahora extinguido, ¿quizá los pterodáctilos? (Dawkins 1996, 97).

Durante mucho tiempo, se creyó que el puerco espín africano estaba relacionado con los puercos espines americanos, pero ahora se piensa que las dos coberturas de espinas han evolucionado de manera independiente en los dos grupos. Presumiblemente, las espinas fueron útiles para ambos en los dos continentes, por razones similares. ¿Quién puede decir que las futuras generaciones de taxonomistas no cambiarán sus criterios? ¿Qué confianza podemos depositar en la taxonomía, si la evolución convergente es una simuladora tan poderosa de semejanzas engañosas? (Dawkins 1996, 269).

Dawkins ve estos hechos como evidencia del poder de la selección natural, pero lamentablemente no ve su indicación incluso más fuerte –a pesar de las diferencias en sus puntos de partida y medio ambiente- de que fue alcanzado el mismo resultado (propósito), ¡porque la evolución tiene un propósito!

¿Es posible que alguien racional vea numerosos objetos llevando información sobre su movimiento y moviéndose en caminos que los llevan a converger en un solo punto, y que luego diga que estos objetos no tienen un propósito y que la información que guía su movimiento cambia de forma aleatoria, sin estar sujeta a una ley y sin tener un propósito?

Podemos preguntarnos: si el movimiento de la mutación genética o cambio es completamente al azar y no sigue una ley para alcanzar un propósito, y si la selección no pretende alcanzar un propósito determinado a largo plazo, entonces, ¿cómo hizo esta información que todos llegaran al mismo punto cuando sus caminos evolutivos estuvieran completos?

Ogura et al 2004 - Octopus and Human eyes
Fig. 12: Ogura y otros, análisis comparativo de la expresión genética para la evolución convergente del ojo de cámara entre el pulpo y el ser humano.


Extracto del libro “La Ilusión del Ateísmo” de Ahmed AlHasan (a)

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