El lenguaje genético del ADN de los árboles es el mismo que el lenguaje genético del ADN de cualquier animal. En efecto, es el mismo lenguaje genético del ADN de un ser humano. La uniformidad, la precisión y las leyes de este lenguaje que lo hacen legible y entendible para todos –aunque la evolución haya avanzado en diferentes direcciones y a diferentes velocidades- es una clara indicación de que su hacedor habla con una ley y un conocimiento, de modo que ha establecido el lenguaje genético de una forma sujeta a una ley que lo protege del continuo impacto de la evolución. Tiene un diccionario preciso, inmutable que abarca todas las direcciones de la evolución. Podemos comparar la magnitud de esto comparando el lenguaje genético con nuestros lenguajes que se ramifican continuamente, que son afectados por el medio ambiente, y que cambian con cada nuevo desarrollo que ocurre durante nuestras vidas.


Extracto del libro “La Ilusión del Ateísmo” de Ahmed AlHasan (a)

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