Dawkins dijo:

Comprendamos qué se proponen nuestros genes egoístas, pues entonces tendremos al menos la oportunidad de modificar sus designios, algo a que ninguna otra especie ha aspirado jamás. (Dawkins 1989, “El Gen Egoísta”, 3)

La verdad es que, alguien justo debería decir que nosotros como especie humana hemos en efecto, arruinado el egoísmo de los genes. El alta moral, o el altruismo genuino difundido por los profetas y mensajeros de Dios y traído por las religiones abrahámicas, ha destruido este egoísmo. El gen egoísta dice, “mi hijo es mejor que mi sobrino, mi hermano es mejor que mi primo, mi primo es mejor que el extraño, el hijo de mi ciudad es mejor que el hijo de otra ciudad, el hijo de mi país es mejor que el hijo de otro país, el hijo de mi nacionalidad es mejor que el hijo de la nacionalidad de otro, y mi país es mejor que el país vecino.”

Los profetas y mensajeros trajeron bondad y altruismo para el extraño por sobre uno mismo y los hijos de uno, y esta moral altruista se propagó entre los hombres. Mencionaré sólo una historia relacionada con esto —una narración histórica del Corán que es famosa en el islam. Es la historia de las mismas personas del mensaje del islam, la descendencia de Muhammad (a), el profeta del islam, en la cual Alí y Fátima, la hija de Muhammad (a), y sus pequeños hijos aguantaron el hambre después de dar su comida a los pobres:

{Y dan alimento, a pesar de su amor por amor a él, a un necesitado, y a un huérfano, y a un cautivo * Ciertamente, os alimentamos por el rostro de Dios. No queremos de vosotros recompensa ni agradecimiento.} Corán Capítulo “El Ser Humano” 76:8-9.

El Capítulo “El Ser Humano” (Sura Al-Ihsan) cuenta la historia del verdadero ser humano que triunfó sobre su animalismo, y que vino para rescatar a los demás de su animalismo genético egoísta. Sin buscar reconocimiento por este altruismo porque era discreto. De forma original lo ocultaron y no lo anunciaron ni pidieron beneficio recíproco por ello. Dieron, y no tomaron nada, y dar no fue fácil para Alí y Fátima (a), porque era un riesgo para la vida de sus pequeños.

Gracias a estar personas, e individuos parecidos entre los profetas y mensajeros de Dios, tenemos hoy a individuos, grupos e incluso países que favorecen a extraños por sobre sí mismos, aunque den sólo una pequeña cantidad que no les afecte. Quizás a veces, haya propósitos detrás dar, pero en general es un paso en la dirección correcta que alcanzamos gracias a estos grandes individuos. Ellos son los ejemplos altruistas más altos de los cuales aprendió la humanidad.

Hoy tenemos verdaderas victorias sobre el egoísmo genético, pero todas ellas dependen del esfuerzo de los grandes profetas y mensajeros de Dios que dieron el mayor ejemplo de altruismo genuino para salvar a la humanidad de su animalismo.

Creo que el biólogo evolutivo o el biólogo social ateo debería ser instado a por lo menos revisar sus cálculos por las acciones de Alí y Fátima (a), viendo que ellos diagnosticaron la enfermedad del egoísmo genético y prescribieron su cura más mil años antes de que un biólogo evolutivo siquiera la diagnostique.

Ibn Abbas dijo: “Con respecto a las palabras de Dios Altísimo: {Fueron leales a sus promesas temiendo un día cuyo mal se extenderá * Y dan alimento, a pesar de su amor por amor a él, a un necesitado, y a un huérfano, y a un cautivo} Corán Capítulo “El Ser Humano” 76:7-8. AlHasan y AlHusein se enfermaron, y entonces fueron visitados por su abuelo, el Mensajero de Dios (s), y los demás árabes, que dijeron, “Oh padre de AlHasan, ¿por qué no haces una promesa para tus hijos?” Entonces Alí dijo, “Si se recuperan de su enfermedad, ayunaré tres días en gratitud a Dios Altísimo.” Fátima dijo lo mismo, mientras que una criada de nombre Fidha Nubaya dijo, “si mis amos se recuperan, ayunaré en gratitud a Dios Altísimo”. Los dos muchachos se recuperaron, y la descendencia de Muhammad no tenía ni demasiado poco ni demasiado mucho. Entonces Alí fue a lo de Simón Al-Jaibari y pidió prestados tres medidas de cebada. Fátima tomó una medida, la molió y horneó pan.

Después de que Alí rezó con el Mensajero de Dios (a), vino a casa. La comida estaba servida frente a ellos y de repente, vino un necesitado, se paró en la puerta y dijo, “La paz sea con vosotros, familia de Muhammad. Soy un hijo musulmán necesitado, alimentadme, que Dios Altísimo os alimente de la mesa del cielo.” Alí le oyó y les ordenó darle comida, y así lo hicieron, y pasaron el día y la noche saboreando solamente agua. Al segundo día, Fátima molió y horneó otra medida y Alí rezó con el profeta (s). Cuando la comida estaba servida frente a ellos vino un huérfano, se paró en la puerta y dijo, “La paz sea con vosotros, familia de Muhammad. Soy huérfano, hijo de inmigrantes. Mis padres han sido martirizados, ¿me daríais de comer?” Ellos le dieron comida y se quedaron dos días sin nada para probar más que agua. Al tercer día, Fátima molió y horneó la medida que quedaba, mientras Ali rezaba con el Profeta (a). Cuando la comida estaba servida, vino un cautivo, se paró en la puerta y dijo, “La paz sea con vosotros, gente de la casa profética. Vosotros nos capturáis y nos encarceláis, pero no nos dais de comer. Dadme de comer, estoy cautivo.” Le dieron comida y se quedaron tres días y noches sin probar nada más que agua. El Mensajero de Dios (s) fue a ellos y vio el hambre que estaban sufriendo, entonces Dios Altísimo hizo descender los versículos de: {¿Acaso ha llegado al ser humano algún período de tiempo en el que no haya sido una cosa recordada?} hasta {Ciertamente, os alimentamos por el rostro de Dios. No queremos de vosotros recompensa ni agradecimiento.} Corán Capítulo “El Ser Humano” 76:1-9 (Ibn Al-Azir n.d., vol. 5, 530-1. Fuente árabe traducida).81


  1. Este relato histórico ha sido narrado por sunnis y shias con más de manera. Por ejemplo, ha sido narrado por Al-Hakim Al-Askani en el libro Shawahid At-Tanzil [Testimonios de la Revelación], y por Al-Baidhawi, y Abu As-Saud, y Tafjir Ad-Din Ar-Radhi en sus libros de Tafsir [Interpretación del Corán]. También ha sido narrado por Mujmila Ali Ibn Ibrahim en su libro de Tafsir [Interpretación del Corán] (volumen 2, página 398), y también por el Sheij As-Saduq en su libro Al-Amali [El Libro de los Dictados] (página 257).

Extracto el libro “La Ilusión del Ateísmo” de Ahmed AlHasan (a)

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