La teoría de los memes es una tesis desarrollada por Richard Dawkins, basada en la idea original de George Christopher Williams. Podemos decir que ambos, Dawkins y Williams, se vieron obligados a hacer uso de la teoría de los memes como un intento para resolver la inutilidad de la teoría del gen egoísta para explicar muchos comportamientos culturales humanos, tales como el altruismo genuino, algo que no puede atribuirse al egoísmo del gen o al altruismo recíproco. Por lo tanto, es un intento de explicar y discutir cómo hemos sido capaces de inventar el altruismo genuino. También es un intento por resolver el dilema moral del determinismo que incluso explica biológicamente los crímenes, ya que todo lo del comportamiento humano va de vuelta a los genes. Dawkins descubrió que la solución yace dentro de la tesis de los memes, o del meme egoísta, la cual él propone que funcionará para temas que la teoría del gen egoísta y la selección fallan al explicar.82

En contraste con la tesis anterior del determinismo genético, la tesis de los memes de Dawkins aparece para decir que ahora tenemos la libertad y la capacidad de controlar el egoísmo genético. En otras palabras, ahora somos lo suficientemente independientes para impedir que los genes nos controlen completamente como a máquinas mortales de supervivencia utilizadas por los genes para sobrevivir. Es mejor si dejo al mismo Dawkins explicar este tema:

Para los reduccionistas, los cerebros son determinados objetos biológicos cuyas propiedades producen las conductas que observamos y los estados de pensamiento o intención que inferimos de dichas conductas […] Esta posición está, o debe estar, en total armonía con los principios de la sociobiología enunciados por Wilson y Dawkins. Sin embargo, adoptarla les involucraría en el dilema de defender primero el carácter innato de gran parte de la conducta humana, algo que, siendo como son liberales, encuentran obviamente poco atractivo (rencor, adoctrinamiento, etc.), y enzarzarse luego en las preocupaciones éticas liberales acerca de la responsabilidad por las acciones criminales, si es que éstas, como todos los demás actos, están determinados biológicamente. Para evitar este problema, Wilson y Dawkins invocan un libre arbitrio que nos permite ir contra los dictados de nuestros genes si así lo deseamos… Esto constituye esencialmente el regreso a un cartesianismo integral, a un deus ex machina dualista.

Creo que Rose y sus colaboradores nos están acusando de querer guardar el pastel y comerlo. O bien debemos ser «deterministas genéticos» o creer en el «libre arbitrio»; no se puede creer en ambas cosas. Pero —y aquí creo hablar por el profesor Wilson además de por mí mismo— somos «deterministas genéticos» sólo a los ojos de Rose y sus colaboradores. Lo que éstos no comprenden (al parecer, aunque resulta difícil de creer) es que es perfectamente posible decir que los genes ejercen una influencia estadística en la conducta humana y, al mismo tiempo, creer que dicha influencia puede modificarse, anularse o invertirse por obra de otras influencias. Los genes deben ejercer una influencia estadística en cualquier pauta de conducta que surja por selección natural. Presumiblemente, Rose y sus colaboradores están de acuerdo en que el deseo sexual humano se ha desarrollado por selección natural, en el mismo sentido en que todo se ha desarrollado por selección natural. Por lo tanto, tienen que estar de acuerdo en que ha habido genes que han influido en el deseo sexual —en el mismo sentido en que los genes han influido en todo. Pero es de suponer que no tienen problemas en contener sus deseos sexuales cuando es socialmente necesario hacerlo. ¿Qué hay de dualista en esto? Obviamente, nada. Y no es más dualista que yo defienda rebelarme «contra la tiranía de los reproductores egoístas». Nosotros, es decir nuestros cerebros, estamos lo suficientemente separados e independientes de nuestros genes como para rebelarnos contra ellos. Como ya he dicho, lo hacemos en cierta medida cada vez que utilizamos medidas anticonceptivas. No hay razón para que no nos rebelemos también de forma más general. (Dawkins 1989, “El Gen Egoísta”, 331-32).

El meme en la cultura es como el gen en la biología. Si el gen es información heredable transmitida en los cromosomas, el meme es una actividad cultural determinada transmitida entre seres vivos donde grupos e individuos aprenden uno del otro, una generación tras otra. El cerebro es la máquina de depósito y transferencia, el cual en la tesis de los meses juega el rol de contenedor de caldo primordial (y quizás de caldo también), en el cual se forman los primeros replicadores y más tarde evolucionan en ADN.

Por lo tanto, los meses son una actividad cultural determinada (verbal o no verbal, vocabulario lingüístico, ropas, comportamiento, etc.) replicada entre individuos de una sociedad animal o humana. La tesis de los memes fue hecha para explicar el desarrollo cultural de los seres humanos en particular a través de la transmisión del meme favorecido entre individuos. Además, algunos biólogos consideran que los memes —tales como el vocabulario lingüístico o cultural— son una de las razones del por qué los seres humanos han adquirido el cerebro superior que los habilita para replicar los memes mejor en términos de cantidad y calidad, que a su vez depende del tamaño y la calidad del cerebro.

En general, la tesis de los memes puede ser considerado un intento por explicar el salto de cultura y civilización en la historia humana que los genes y la evolución biológica solamente no pueden explicar completamente.

Siento gran simpatía hacia esta actitud y no dudo que existen ciertas ventajas genéticas en tener cerebros del tipo que tenemos. Pero, sin embargo, pienso que estos colegas, si estudiasen cuidadosamente las bases de sus propias hipótesis, encontrarían que dan por supuesto tanto como yo. Fundamentalmente, la razón por la cual es una buena política el que intentemos explicar los fenómenos biológicos en términos de ventaja para los genes, es que los genes hacen réplicas de sí mismos. Tan pronto como el caldo primario presentó las condiciones en que las moléculas pudieron hacer copias de sí mismas, los propios replicadores asumieron la dirección del proceso. Durante más de tres mil millones de años, el ADN ha sido el único replicador del cual vale la pena preocuparse en el mundo. Pero eso no quiere decir que mantenga estos derechos monopolistas para siempre. Siempre que surjan condiciones en las cuales un nuevo replicador pueda hacer copias de sí mismo, estos nuevos replicadores tenderán a hacerse cargo de la situación y a empezar un nuevo tipo de evolución propia. Una vez que empiece dicha evolución, en modo alguno se verá necesariamente subordinada a la antigua. La antigua evolución seleccionadora de genes, al hacer los cerebros, proveyó el «caldo» en el cual surgieron los primeros memes. Una vez que surgieron estos memes capaces de hacer copias de sí mismos, se inició su propio y más acelerado tipo de evolución. Nosotros, los biólogos, hemos asimilado la idea de evolución genética tan profundamente que tendemos a olvidar que ésta es sólo uno de los muchos posibles tipos de evolución. Por la imitación, considerada en su sentido más amplio, es como los memes pueden crear réplicas de sí mismos. (Dawkins 1989, “El Gen Egoísta”, 193-94).

Además, es un intento por explicar el corto período de tiempo en el cual el ser humano experimentó el desarrollo cultural, y para justificar cualquier salto en la cultura y la civilización, Dawkins asumió que los memes pueden tener un efecto muy rápido, a diferencia del lento efecto de los genes.

Pienso que un nuevo tipo de replicador ha surgido recientemente en este mismo planeta. Lo tenemos frente a nuestro rostro. Se encuentra todavía en su infancia, aun flotando torpemente en su caldo primario, pero ya está alcanzando un cambio evolutivo a una velocidad que deja al antiguo gen jadeante y muy atrás. (Dawkins 1989, “El Gen Egoísta”, 192).

La propagación y establecimiento de los memes depende del concepto de imitación y replicación. Su surgimiento depende a veces de su invención cuando es necesario o cuando ocurren errores durante la imitación que llevan al surgimiento de un nuevo meme. Así es como varían y se transmiten los memes entre individuos animales o humanos.

Los memes son material cultural replicable, mientras que los animales y las personas son máquinas de replicación que los replican, los preservan, actúan con ellos y los transmiten a otros. Estas máquinas evolucionan —cuando está disponible la mutación genética hacia la mejora— según los memes y su expansión, multiplicación y acumulación. Pueden ser una de las razones del establecimiento de genes de mejora. Esto puede explicar el tamaño y la calidad de nuestros cerebros, por lo que se puede decir que la expansión de la cultura tuvo una influencia sobre el aumento del tamaño del cerebro y la evolución de su calidad, puesto que es un factor que empuja en esa dirección.

Se han observado diferencias en la conducta de grupo —que nos sentimos fuertemente tentados a llamar diferencias culturales— entre chimpancés, babuinos, macacos y muchos otros primates. Así, por ejemplo, puede ocurrir que un grupo de monos sepa cómo comer los huevos que depositan las aves, en tanto que un grupo o comunidad que habita en las proximidades desconoce la manera de hacerlo. Este género de primates tiene un repertorio de unas cuantas docenas de sonidos o gritos que facilitan la comunicación entre los miembros del grupo. Así, uno de ellos tiene a buen seguro el significado de: «Huid, que viene un depredador». Pero el timbre y tono de los sonidos puede variar de un grupo a otro; existen, por decirlo de algún modo, acentos regionales.

Pero el experimento más curioso fue el que por vía accidental llevaron a cabo un grupo de científicos japoneses especialistas en el estudio de los primates que trataban de solucionar el exceso demográfico y el problema del hambre en una comunidad de macacos de una isla situada al sur del Japón. Los antropólogos en cuestión arrojaron granos de trigo en una playa arenosa. Piense el lector en lo difícil que resulta separar uno por uno los granos de cereal de los granos de arena, hasta el punto de que la tentativa podría requerir un consumo de energía mayor de la que podría procurar comer el trigo así esparcido. Sin embargo, una talentosa macaco hembra llamada Imo, bien por casualidad bien por despecho, arrojó puñados de arena y trigo mezclados al mar. Ahora bien, la arena se hunde mientras que el cereal flota, circunstancia de la que Imo se apercibió plenamente. Con tan singular proceso de cribado logró dar satisfacción a su estómago aunque, eso sí, a base de comer trigo reblandecido por el agua. Los macacos de más edad siguieron hurgando por su cuenta, ignorando el hallazgo del macaco hembra, pero los especímenes más jóvenes parecieron comprender la gran importancia del descubrimiento y siguieron el ejemplo de Imo. A la siguiente generación, la práctica se hallaba ya más extendida, y en la actualidad, los macacos que pueblan la isla utilizan este método de cerner el cereal, constituyendo con ello un ejemplo de tradición cultural entre los monos.

Una serie de investigaciones realizadas tiempo antes en el Takasakiyama, una montaña del sector noreste de Kyushu habitada por macacos, arrojaron una muestra similar de progreso cultural. Los visitantes arrojaban a los monos caramelos envueltos en papel, costumbre muy extendida en los zoológicos japoneses, pero que los macacos del monte Takasakiyama desconocían. En el curso del pasatiempo, algunos monos jóvenes aprendieron a desenvolver los caramelos y a comerlos, costumbre que fue transmitida sucesivamente a sus compañeros de juego, a las madres, a los machos dominantes (que en las comunidades de macacos hacen las veces de «niñeras» de las crías) y, por último, a los monos jerárquica mente inferiores, que son los que socialmente se hallan más distantes de las crías. El proceso de culturalización requirió más de tres años (Sagan 1978, “Los Dragones del Edén”, 125-26).

En general, la cuestión de los memes y el hecho de que son inventados o copiados de otros cuando es necesario no es único de los humanos. Sin embargo, la tesis o teoría de los memes —la cual puede explicar la transmisión de una cultura en particular— no puede explicar la invención de una actividad cultural original en particular si no hay ninguno individuo que necesite de esa actividad cultural. Esta cuestión se vuelve grave cuando esta actividad cultural es perjudicial para el individuo y para sus genes individuales.

Nos preocupa la pregunta: ¿la teoría o tesis de los memes puede explicar lo más importante de la cultura humana, a saber, sus atributos, tales como el altruismo genuino, lo cual no puede explicar la teoría del gen egoísta?

En verdad, la teoría de los memes es igualmente incapaz de explicar el altruismo genuino, no solo porque no hay ningún beneficio que logre el altruista de manera que su altruismo sea una invención creada por su necesidad de ello, sino también porque el altruismo genuino es mal rasgo para los genes individuales. Es un rasgo que no puede favorecerse de la naturaleza porque es un rasgo que actúa contra el interés de los genes individuales.

Los genes no pueden explicar el rasgo del altruismo genuino porque es un rasgo contrario y un enemigo mortal para los genes individuales. Los memes tampoco pueden explicar la existencia de este rasgo porque como meme cultural no puede llegar a existir, mucho menos tener éxito y persistir, porque es un rasgo contrario y un enemigo para la estructura egoísta firmemente establecida dentro nuestro por el egoísmo del gen, el cual nos construyó para ser entidades egoístas para garantizar su supervivencia. No hay excepción para el egoísmo de las entidades (es decir, nuestros cuerpos), excepto estos casos altruistas construidos sobre el propio egoísmo genético, o altruismo recíproco, el cual hemos explicado anteriormente: el altruismo de los padres con sus hijos, y del murciélago vampiro que alimenta a su vecino en la cueva basado en el principio “rasca mi espalda hoy y yo rascaré la tuya mañana”. Este tipo de altruismo no tiene nada que ver con el altruismo intencional y genuino.

En su libro “El Gen Egoísta” (particularmente en el capítulo sobre los memes), Dawkins no discutió este tema, a pesar del hecho de que se trata de la cuestión más importante con respecto a esta cuestión. Lo que se requiere de los ateos es que demuestren la validez de su creencia —no que creen una teoría que explique la invención de unidades culturales al ser necesarias, o cuando produzcan un beneficio, las cuales son luego replicadas y transmitidas— y él debe explicar la aparición de una actividad cultural única de los humanos, tal como el altruismo, la razón de su aparición y el principio detrás de él.

Es posible que otra cualidad única del hombre sea su capacidad para un altruismo verdadero, genuino y desinteresado. Lo espero, aun cuando no voy a discutir el caso asumiendo una u otra posición ni a especular sobre su posible evolución mémica. (Dawkins 1989, “El Gen Egoísta”, 200).

¿Podemos considerar esta declaración como una confesión de Dawkins de que es incapaz de aportar una explicación lógica del altruismo genuino que concuerde con su teoría atea? ¿Es razonable pensar, por ejemplo, que tiene una explicación para la cuestión más importante que niega su doctrina atea, pero que elije omitirla? Dejaré que el lector responda a estas preguntas.

Dawkins continúa diciendo:

El punto que deseo subrayar es el siguiente: aun si nos ponemos pesimistas y asumimos que el hombre es fundamentalmente egoísta, nuestra previsión consciente —nuestra capacidad de simular el futuro en nuestra imaginación— nos podría salvar de los peores excesos egoístas de los ciegos replicadores. Contamos, al menos, con el equipo mental para fomentar nuestros intereses egoístas considerados a largo plazo, en vez de favorecer solamente nuestros intereses egoístas inmediatos. Podemos apreciar los beneficios que a la larga nos reportaría el participar en «una conspiración de palomas», y podemos sentarnos juntos a discutir medios para lograr que tal conspiración funcione. (Dawkins 1989, “El Gen Egoísta”, 200).

En todas las situaciones en las cuales defendamos nuestros intereses egoístas, ya sea que el fundamento de nuestra defensa sea cultural y mémica, o genética, y ya sean intereses egoístas a largo o corto plazo, estaremos comportándonos egoístamente y no altruistamente. El altruismo momentáneo por la causa de un egoísmo a largo plazo no cambia el hecho de que el comportamiento aún sea egoísta y busque obtener un interés, incluso a largo plazo, como en el caso del altruismo en aras de la reputación. En consecuencia, este tipo de comportamiento no puede ser una explicación válida del altruismo genuino, desinteresado, verdadero.

Dawkins continúa diciendo:

Tenemos el poder de desafiar a los genes egoístas de nuestro nacimiento y, si es necesario, a los memes egoístas de nuestro adoctrinamiento. Incluso podemos discurrir medios para cultivar y fomentar deliberadamente un altruismo puro y desinteresado: algo que no tiene lugar en la naturaleza, algo que nunca ha existido en toda la historia del mundo. Somos construidos como máquinas de genes y educados como máquinas de memes, pero tenemos el poder de rebelarnos contra nuestros creadores. Nosotros, sólo nosotros en la Tierra, podemos rebelarnos contra la tiranía de los replicadores egoístas. (Dawkins 1989, “El Gen Egoísta”, 200-01).

Sin embargo, un rasgo contrario a la supervivencia de los genes individuales no puede existir y crecer dentro nuestro. No es posible que crezca y se establezca en la naturaleza porque es un rasgo que se opone a nuestro egoísmo como máquinas de supervivencia construidas por los genes. Es un rasgo que actúa contra los intereses de los genes individuales. Esta es una cuestión que los ateos no son capaces de responder científicamente.

Una potente corriente que barre con todos los trozos de madera excepto a un bote —o a todos los organismos excepto a los humanos— no puede ser superada sin remar, y no se puede remar sin un remo.

Dada la prueba científica, deberíamos aceptar y admitir que hay un remo. La existencia de su influencia fuertemente manifiesta nos ha sido demostrada por nuestro movimiento contra la potente corriente y por nuestra rebeldía contra la tiranía de nuestros genes.

Al decir remo no nos referimos a Dios. De hecho, que el remo sea el alma o el espíritu. Ciertamente, demostrar su existencia es una manera de demostrar el mundo de la espiritualidad y, en consecuencia, demostrar la existencia de Dios.

La razón por la cual no vemos al alma con nuestros ojos es simple: es porque está en un mundo distinto al mundo físico material en el que vivimos. En cuanto a cómo puede afectarnos físicamente, esto puede ser explicado científicamente, por lo menos a través de las fuerzas transuniversales. Esto será explicado en el capítulo sexto. Es posible que un universo influencie en otro universo, así como que entidades en un universo influencien a entidades en otro universo, incluso sin que haya contacto directo, material y perceptible entre ellos. De la misma manera, podemos entender la influencia del mundo de las almas sobre este universo material en el que vivimos.


  1. George Christopher Williams (1926-2012) fue un biólogo evolucionista estadounidense y profesor emérito de biología en la Universidad Stony Brook, de Nueva York.

Extracto del libro “La Ilusión del Ateísmo” de Ahmed AlHasan (a)

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