La historia de las religiones de los sumerios, acadio y babilonios de la Mesopotamia es en gran medida significativa, talvez más que cualquier otra historia religiosa transmitida por el mundo antiguo. Es también la historia más antigua de la historia humana. Involucra a multitudes de dioses, mientras que la religión sumeria incluye nada menos que a la figura que salva a la humanidad de su animalismo —una figura presente en toda religión.

Quien crea que la religión sumeria es atrasada debido a la multitud de sus dioses debería reconsiderarlo e investigar con más precisión, porque la religión sumeria no es diferente de las religiones que vinieron después de ella. Además, las religiones humanas exitosas se construyeron sobre la base de la religión sumeria. Encontramos que muchos “dioses”, como los llamaban a veces los sumerios, eran descriptos en las como humanos o reyes sabios en las historias, epopeyas y tablillas de arcilla sumerias —contraían matrimonio, criaban hijos, asesinaban, cometían injusticias, y los hombres lloraban por ellos— o sólo eran símbolos. Así que no es difícil que entendamos que la señora de los dioses, Ishtar, sea la vida temporal en sí, mientras la encontramos lamentándose por los que murieron en el diluvio de Noé (Utnapishtim):

“La diosa gimió como una mujer al parir,

Belet-ili se lamentó, cuya voz es tan dulce:

 

‘Los tiempos antiguos se han vuelto arcilla,

porque hablo la maldad en la asamblea de los dioses.

¿Cómo podría hablar la maldad en la asamblea de los dioses,

y declarar una guerra para destruir a mi pueblo?

 

‘Soy yo quien da a luz, ¡este pueblo es mío!

¡Y ahora, como peces, sienten el océano!’” (Baqir, “La Epopeya de Gilgamesh”)

Quien examine la historia sumeria de la religión se encontrará leyéndola enteramente en términos simbólicos. Encontrará la historia de las tres religiones y del salvador, el redentor, o el Mahdi. Encontrará también que los dioses sumerios no son más que personas y símbolos que pueden ser deificados con la verdad o lo falso, tal como a los profetas y califas de Dios descendientes de Adán (a), o como a la vida temporal, el “yo”, y el grupo.

Podemos decir ahora: ninguna persona racional diría que los avanzados logros que claramente aparecieron en la historia hace miles de años vinieron de la nada, o que se hayan desarrollado de una cultura primitiva y atrasada, dado el hecho de que no hay ningún rastro de cadena de que exista este supuesto desarrollo cultural. Esto es en particular cierto puesto que las mismas declaraciones de los sumerios refutan cualquier declaración basada en la ilusión, sin apoyarse con evidencia, que sugiera que la cultura, la civilización y el comportamiento sofisticados de los sumerios se habría desarrollado de un pueblo primitivo.

Ahora debemos preguntarnos, ¿acaso estos logros no indican que el ser que los produjo tiene el atributo de organización y que, por lo tanto, que la causa de ese ser tiene el atributo de ser un organizador con conocimiento, demostrando así la existencia de Dios? Creo que cualquier persona racional que no se incline hacia la obstinación diría que sí.

Finalmente, el siguiente texto muestra que la cultura sumeria-babilónica es en realidad una herencia de la cultura y civilización humanas más antigua y quizás más sofisticada en moral y conducta que la civilización sumeria que conocemos por sus tablillas de arcilla. La Epopeya de Enmerkar y el Señor de Aratta menciona:

En otro tiempo hubo una época en que los países de Shubur y de Hamazi,

Sumer donde se hablan tantas (?) lenguas,

el gran país de las leyes divinas de principado,

Uri, el país provisto de todo lo necesario,

El país de Martu, que descansaba en la seguridad,

El universo entero, los pueblos al unísono (?)

Rendían homenaje a Enlil en una sola lengua.

 

Pero entonces, el Padre-señor, el Padre-príncipe, el Padre-rey,

Enki, el Padre-señor, el Padre-príncipe, el Padre-rey,

El Padre-señor enojado (?), el Padre-príncipe enojado (?),

el Padre-rey enojado (?)

…abundancia…

……………………………………………………… (Kramer 1981, 255.)

Este no es el único texto que demuestra la opinión sumeria acerca de su cultura, civilización y conocimiento. Muchos investigadores que se han especializado en Sumeria o en la historia antigua de Mesopotamia se han dado cuenta de que estos pueblos, a quienes consideramos que representan a la civilización más antigua sobre la tierra, se consideran a sí mismos herederos de una civilización. Además, consideran que el origen de esta cultura, civilización y conocimiento es divino o celestial.

Charles Virolleaud dice:[1]

Según la opinión de los babilonios, los humanos no alcanzaron lo que los distingue de los animales: labrar la tierra y construir ciudades gracias a la investigación, las excavaciones, las experiencias y varios esfuerzos o interacciones. En realidad, ellos recibieron todo el conocimiento de una vez de los dioses (Virolleaud 1949, 124. Traducido del francés al árabe, luego al inglés, luego al español).

Hemos recibido sus manuscritos, los cuales nos cuentan que su propia cultura, civilización y conocimiento fue en realidad heredados de sus predecesores, quienes eran más éticos y sabios. Además de todo esto, nos presentaron toda la historia, y cerraron la puerta a las invenciones ateas, mostrando que el origen de este conocimiento, cultura y civilización son los cielos y el dios. Entonces ¿cómo esperan los ateos que una persona razonable —que se respeta su intelecto— deje atrás todos estos hechos científicos y persiga un espejismo que no lleva a ninguna verdad científica? En cambio, sólo llevará a más engaños basados en deseos, y a rechazar obstinadamente los hechos científicos arqueológicos establecidos que son inequívocos. Esto es porque están escritos por nuestros antepasados de Sumeria y Acadia, la cuna de la humanidad y civilización adamitas. Si se demuestra que esta descripción del ser humano (en términos de intelecto y consciencia) ocurrió de repente en un determinado período de tiempo, esto indica que hay una causa sabia que la produjo.

[1] Charles Virolleaud (1879-1968) fue un profesor francés en la Universidad de la Sorbona. Fue un investigador que se especializó en estudios semitas, sumerios e iraníes.


Extracto del libro “La Ilusión del Ateísmo” de Ahmed AlHasan (a)

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