La verdad es que cualquier persona familiarizada con la Torá, los Evangelios y el Corán, así como con lo que hay en las tablillas de arcilla sumerias, llegaría ciertamente a una de dos conclusiones inevitables:

La primera conclusión es que el origen de la religión se remonta a las escrituras de los sumerios, y que la Torá, el Evangelio y el Corán son sólo un retoque de la religión sumeria (la creación del primer hombre, Adán, la historia de Abel y Caín, la historia del Diluvio, el pecado, la otra vida, el cielo, el infierno, etc.).

La segunda conclusión es que la religión sumeria es la misma religión de Adán y Noé (a) pero que fue transmitida y luego escrita en forma tergiversada, y que los sumerios y acadios (babilonios y asirios) creían en ella, en esa forma tergiversada. Esto es lo que quiero señalar mostrando que las historias sumerias son solo sucesos de lo oculto que Adán trajo a la tierra. Son las historias de sus hijos rectos (a), y de lo que les ocurriría, especialmente a los principales representantes emblemáticos del camino religioso, tales como Dumuzi (el hijo fiel) o Gilgamesh.

El Dr. Samuel Kramer se percató de la gran similitud entre lo que está escrito en la Torá y en las tablillas sumerias. Decidió incluir capítulos en sus libros que aclararan la similitud entre las tablillas de arcilla sumerias y la Torá, por ejemplo:

“XIX LOGOMAQUIA LOS PRIMEROS DEBATES LITERARIOS” (Kramer, “La Historia Empieza en Sumeria” 1981, 141).

“EL MATRIMONIO SAGRADO Y EL CANTAR DE LOS

CANTARES DE SALOMÓN” (Kramer, “El Matrimonio Sagrado” 1969, 99).

Los sumerios conocían y practicaban al detalle cuestiones de la religión divina, tales como creer en las visiones y en que las visiones son palabras de Dios. Creían también en signos y en que Dios puede hablar a una persona en todo lo que esta experimente.

En el libro Légendes de Babylone et de Canaan (Leyendas de Babilonia y Canaán), Charles Virolleaud dice:

Sabemos que la humanidad ha sido creada para servir a los dioses, y que los dioses la castigan por las más ligeras equivocaciones. Por lo tanto, deben obedecer los deseos de los cielos con precisión y hacer como ellos dicen. ¿De qué otra manera conservarían esta armonía y evitarían la ira de los dioses? Si veían sueños con los dioses inspirándoles lo que estos deseaban, ¿cómo los interpretarían de una forma que complazca a los dioses, o sea, si hay sueños? ¿Qué pasaría si no hubiera sueños?

La respuesta es que recurrirían a oráculos y a indicadores naturales, ya que estos les guiarían hacia la verdad. Por lo tanto, debe ponerse una total atención, no sólo a los cambios de la luna, sino también a la forma de las nubes. En efecto, cada movimiento de lo que se arrastra en la hierba e incluso de los planetas de la galaxia son un indicador de la voluntad de los dioses, sean buenas o malas. Es aquí donde el arte o la ciencia se destacan y distinguen si la voluntad es buena o mala.

Los magos deben intervenir, ya sea para apresurar la buena suerte o para alejar la fuerza hostil que amenaza la vida. Esto no se refiere a la vida de los individuos o el pueblo, sino a la vida del rey que controlaba el destino de toda la nación.

Este rey, a quien los dioses dieron conocimiento era, como fue mencionado previamente, el séptimo rey del estado antediluviano. Por lo tanto, según el orden hereditario, coincide con Enoc [Idris] que ocupa el séptimo rango del linaje de Adán, la cadena de los patriarcas antes del Diluvio. Es de destacar que sus nombres no tienen nada en común, aunque sus acciones son exactamente las mismas. Como una cuestión de hecho, el texto bíblico con respecto al séptimo patriarca (Enoc), es muy breve:

Y Enoc anduvo con Dios, y desapareció porque Dios se lo llevó.  [Génesis 5:24].

Enoc se convirtió en el héroe de una serie de leyendas que lo hicieron el inventor de la escritura, el autor del primer libro y el creador de la ciencia de los planetas y las estrellas, la astronomía y la aeronomía. Parece como si fuera Evedoranki. Podemos asumir con seguridad que esta leyenda de los judíos no es nada más que un desarrollo o expansión de la antigua leyenda caldea.

Los demás reyes y patriarcas, los seis antepasados de Enoc y sus tres califas tenían cualidades en común. La única personalidad que nos concierne es la décima persona que vivió atravesando el Diluvio (Virolleaud 1949, 28. Traducido del francés al árabe, luego al inglés y luego al español).

Las historias de los sumerios hablan claramente —como lo hacen las demás religiones divinas— acerca de la otra vida y que la gente buena y recta entra al cielo, mientras que la mala entra al infierno.

Estas personas tenían la certeza de que vivirían después de la muerte, que vivirían en oscuridad y sin recompensa, a menos que tomaran el buen camino en este mundo, es decir, mediante la rectitud. Un ejemplo de esto es lo que le ocurrió a Utnapishtim (Noé a.), o aplicando la ley a la gente, como hizo Hammurabi (Virolleaud 1949, 38, traducido).


Extracto del libro “La Ilusión del Ateísmo” de Ahmed AlHasan (a)

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