En el capítulo “El Primer Noé”, Kramer dice:

Se sabía ya desde 1862, año en que George Smith, del Museo Británico, descubrió y descifró la tablilla XI de la epopeya babilónica de Gilgamesh, que la narración bíblica del Diluvio no es una creación hebraica. Pero los entendidos se apercibieron más tarde, y no sin alguna sorpresa, que el mito babilónico no era ni más ni menos que de origen sumerio. Ello quedó demostrado por un fragmento de tablilla descubierto en el Museo de la Universidad de Filadelfia, entre la colección de Nippur. Este fragmento, publicado en 1914 por Arno Poebel, representa el tercio inferior de una tablilla de seis columnas, tres en el anverso y tres en el reverso. Se trata de un documento único; no se ha descubierto ningún otro ejemplar hasta la fecha (Kramer, “La Historia Empieza en Sumeria” 1981, p. 148).

Por lo tanto, la historia del diluvio existía y fue documentada antes de las tres religiones abrahámicas: el judaísmo, el cristianismo y el islam. Se remonta a miles de años antes de Cristo, y fue transmitido por los mesopotámicos como una narración desde la perspectiva de sus antepasados.

En La Historia Empieza en Sumeria Kramer vuelve a contar la historia sumeria de la creación y del diluvio. Sin embargo, está incompleta debido a los destrozos y el daño sufrido por las tablillas. Aquí hay algunos de sus pasajes:

Cuando An, Enlil, Enki y Ninhursag

Hubieron formado la gente de cabeza negra,

La vegetación se desarrolló, lozana, sobre la tierra;

Los animales, los cuadrúpedos de la campiña,

fueron creados con arte.

Después de este pasaje hay una nueva laguna: han desaparecido unas 37 líneas al principio de la segunda columna. Entonces nos enteramos de que la realeza descendió del cielo a la tierra y cinco ciudades fueron fundadas:

Cuando el… de la realeza hubo descendido del cielo,

Cuando la sublime tiara y el trono real

hubieron descendido del cielo,

Cumplió con los ritos y las sublimes leyes divinas…

Fundó las cinco ciudades en.… lugares consagrados;

Pronunció sus nombres e hizo de ellos centros del culto… (Kramer 1981, 149)

Así fue convenido…

Entonces Nintu lloró como un…;

La divina Inanna entonó una lamentación para su pueblo

Enki tomó consejo de sí mismo.

An, Enlil, Enki y Ninhursag…;

Los dioses del cielo y de la tierra

pronunciaron los nombres de An y de Enlil.

Entonces Ziusudra, el rey, el pashishu de…,

Construyó un gigantesco…

Humildemente, obediente, con respeto, él…;

Ocupado cada día, constantemente él…;

Trayendo toda clase de sueños, él…;

Invocando al cielo y a la tierra, él…

… los dioses, una muralla…;

Ziusudra, de pie a su lado, escuchó.

«Mantente cerca de la muralla, a mi izquierda…;

Cerca de la muralla, yo te diré una palabra, escucha mi palabra;

Presta oído a mis instrucciones:

Por nuestro…, un Diluvio va a inundar los centros del culto

Para destruir la simiente del género humano…

Tal es la decisión, el decreto de la asamblea de los dioses.

Por orden de An y de Enlil…,

Su realeza, su ley, le será puesto término.»

Seguidamente, el poema (final de la cuarta columna) debía de extenderse largamente sobre las instrucciones dadas por el dios a Ziusudra: este último construiría un navío gigantesco, el cual le permitiría salvar la vida. Pero esta parte del texto (sin duda correspondiente a una cuarentena de líneas) está destruida. La continuación (en lo alto de la quinta columna), que se ha conservado, relata cómo entonces las aguas del Diluvio sumergieron la «tierra», y cómo se desencadenaron con fuerza, ininterrumpidamente, durante siete días y siete noches. Después de todo lo cual, el dios del sol, Utu, reaparece, dispensando de nuevo su preciosa luz. Ziusudra se prosterna ante él y le ofrece sacrificios:

Todas las tempestades, de una violencia extraordinaria,

se desencadenaron al mismo tiempo.

En un mismo instante, el Diluvio invadió los centros del culto.

Cuando, durante siete días y siete noches,

El Diluvio hubo barrido la tierra,

Y el enorme navío hubo sido bamboleado

por las tempestades, sobre las aguas,

Utu salió, el que dispensa la luz

al cielo y a la tierra.

Ziusudra abrió entonces una ventana de su navío enorme,

y Utu, el Héroe, hizo penetrar sus rayos

dentro del gigantesco navío.

Ziusudra, el rey,

Se prosternó entonces ante Utu;

El rey le inmoló un buey y sacrificó un carnero.

Al llegar aquí, la rotura de la tablilla interrumpe, una vez más, el texto. Faltan aproximadamente unas treinta y nueve líneas de esta penúltima columna. Las que subsisten de la sexta y última describen la deificación de Ziusudra. Prosternado ante An y ante Enlil, Ziusudra recibe «la vida como un dios» y el «soplo» eterno; y luego es transportado a Dilmun, «el lugar donde sale el sol»:

An y Enlil pronunciaron: «Soplo del cielo, soplo de la tierra»,

por su… él se tendió,

Y la vegetación, surgiendo de tierra, se elevó.

Ziusudra, el rey,

Se prosternó ante An y Enlil.

An y Enlil cuidaron de Ziusudra:

Le dieron una vida como la de un dios,

Un soplo eterno como el de un dios,

hicieron descender para él.

Entonces, Ziusudra, el rey,

Salvador del nombre de la vegetación

y de la simiente del género humano,

En el país de paso, el país de Dilmun,

allí donde sale el sol, ellos le instalaron. (Kramer 1981, 149)

Para aclarar, el comienzo fue en el momento que la creación del ser humano intelectual, el Homo sapiens, estuvo completa. Su piel era negra, y vino de África hasta el valle fértil. Representa el comienzo de la historia de Adán y la sucesión, la cual, a su vez, representa el origen al cual se remontan los sumerios. Por lo tanto, es natural que los sumerios describan a sus antepasados como “gente de cabeza negra”:

Cuando An, Enlil, Enki y Ninhursag

Hubieron formado la gente de cabeza negra,

Esta frase, que está repetida a menudo en los textos sumerios, no estaba clara para los arqueólogos. Planteaba un misterio inexplicable: ¿por qué los sumerios llamarían a sus antepasados con el nombre de “gente de cabeza negra”? Ahora ha quedado aclarado que la razón es que los antepasados habían venido de África, y el color de piel de sus cabezas era negro.

La segunda etapa de la historia sumeria de la creación es la sucesión divina de un califa humano sobre la Tierra:

Cuando el… de la realeza hubo descendido del cielo,

Cuando la sublime tiara y el trono real

hubieron descendido del cielo,

Cumplió con los ritos y las sublimes leyes divinas…

Queda claro por el texto sumerio que esto representa la historia de la sucesión de Adán (a), o el primer califa de Dios sobre la Tierra, que fue mencionado en las religiones abrahámicas. “La realeza hubo descendido del cielo”, significa que el califa de Dios fue designado sobre la Tierra y que la realeza pertenece originalmente a Dios. El descenso de la realeza a la Tierra significa la designación de un humano como califa de Dios sobre la Tierra. Una vez que fue designada la sucesión, la jurisprudencia y las leyes divinas descendieron a él, es decir que Dios inspiró a Adán (a) y le informó acerca de la religión, la jurisprudencia y las leyes sagradas divinas.

Claramente, el texto anterior tiene grandes huecos, especialmente con respecto a la historia del diluvio. Sin embargo, podemos resumir lo mencionado acerca del diluvio de la siguiente manera:

El fabricante del arca es un sumerio cuyo nombre es Ziusudra.

Dios inspiró a Ziusudra y algo de la inspiración divina le llegó a través de visiones.

Ziusudra (o Noé) supo del diluvio antes de que ocurriera, a través de inspiración divina.

Hay un énfasis al mencionar que el Diluvio inundó los centros de culto:

un Diluvio va a inundar los centros del culto… el Diluvio invadió los centros del culto.

Esta es una señal de la desviación de los clérigos religiosos y de su distorsión religiosa en el tiempo de Ziusudra (Noé).

Hay un énfasis en que el Diluvio era un castigo divino a las personas por su rebelión en contra de los mandatos de Dios y para destruir el gobierno de ellos, que se oponía a Ziusudra (Noé), quien había sido designado por Dios: “Su realeza, su ley, le será puesto término.”

La tarea de Ziusudra fue hacer un arca para preservar un linaje especial de personas, plantas y animales. Quizás hay una indicación clara de esto en el texto sumerio, a saber, la frase “Salvador del nombre de la vegetación.” Ciertamente, lo que se busca es una vegetación especial porque de otro modo, no importa qué tan grande sea el diluvio sobre la tierra, las plantas no necesitan un arca para transportarlas y preservarlas. Por lo menos sus semillas perduran y crecen después del diluvio sin ninguna ayuda. Por lo tanto, queda claro que se refiere a plantas agrícolas que comen los humanos. Quizás, a lo que se refería en particular es que Ziusudra transporte suficientes cantidades de semillas para repetir el proceso de producción agrícola, sin la necesidad de empezar a escarbar cuando las semillas de maíz y las semillas agrícolas usadas en cultivos ya no estén disponibles para los humanos (el hijo de Adán). Por lo tanto, quizás el texto es claro al decir que los transportados en el arca son un grupo de personas que creen en las palabras de Noé, así como también que las transportadas eran las semillas de las plantas económicas, productivas, importantes para los humanos. En consecuencia, podemos concluir también que los animales transportados eran animales domésticos que benefician a los humanos. Al final, Ziusudra, o Noé, tuvo éxito y fue recompensado, porque aceptó las palabras de Dios y la inspiración de Dios. También se elevó en el reino de los cielos después de haber sido transportado y salvado en el arca. Ziusudra vivió en la tierra de Dilmun, o la tierra de la travesía, como el texto sumerio la llama:

Ziusudra, el rey,

Se prosternó ante An y Enlil.

An y Enlil cuidaron de Ziusudra:

Le dieron una vida como la de un dios,

Un soplo eterno como el de un dios,

hicieron descender para él.

Entonces, Ziusudra, el rey,

Salvador del nombre de la vegetación

y de la simiente del género humano,

En el país de paso, el país de Dilmun,

allí donde sale el sol, ellos le instalaron.


Extracto del libro “La Ilusión del Ateísmo” de Ahmed AlHasan (a)

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