En física newtoniana o física clásica, los asuntos se determinan con precisión. No hay probabilidad, duda o incertidumbre. Por lo tanto, podemos determinar con precisión la velocidad y la posición de los objetos. Esto permitió a Laplace llevar a la mecánica newtoniana lo más lejos posible. A Laplace se le ocurrió su principio de determinismo, según el cual, si conocemos la velocidad o el momento y las posiciones de cada partícula en el universo en un momento específico, podemos determinar su velocidad y posición en un momento dado, tanto en el pasado como en el futuro. Esto significa que podemos conocer el futuro. Esto es llamado principio de determinismo. Está claro que no hay espacio para que lo invisible o para que un dios intervenga y cambie las cosas. La situación está determinada y no es susceptible de intervención. Este es el caso hasta el punto en que ni siquiera queda espacio para el libre albedrío del hombre, porque las cosas avanzan hacia finales predeterminados e inevitables.

El éxito de las leyes de Newton y de otras teorías físicas condujo a la idea del determinismo científico, que fue expresada por primera vez a comienzos del siglo XIX por un científico francés, el marqués de Laplace. Laplace sugirió que, si conociéramos las posiciones y las velocidades de todas las partículas del universo en un instante, las leyes de la física nos deberían permitir la predicción de cuál será el estado del universo en cualquier otro instante del pasado o del futuro (Hawking 2001, “El universo en una cáscara de nuez”, 41).

Sin embargo, la mecánica cuántica, que domina la física de hoy en día, no puede decirnos la velocidad y la posición precisas de una sola partícula, y mucho menos de todas las partículas. Por lo tanto, las cosas se han vuelto completamente diferentes. La partícula puede estar en cualquier posición posible, mientras que su velocidad puede ser cualquier velocidad posible. Como tal, ya no existe el determinismo completo en la mecánica cuántica, lo que significa que ya no hay ninguna posibilidad de conocer el futuro con precisión, ya que hay más de una posibilidad. Lo que queda del determinismo en la mecánica cuántica es la evolución de la función de onda.

Por lo tanto, podemos afirmar que la mecánica cuántica, utilizada por los defensores de “un universo de la nada” para negar la existencia de un dios, se ha convertido en un medio para probar el libre albedrío del hombre, y que los humanos pueden intervenir en la creación de su futuro. El hombre no está obligado u forzado a seguir un camino trazado para él por un determinismo universal ineludible. Además, el hombre puede afectar los eventos que observa que le rodean. De hecho, el hombre quizás tenga un efecto en el universo —el universo entero es un sistema cuántico, y los humanos lo observan.

Algún determinismo proporcionado por la evolución de la función de onda permanece en la mecánica cuántica. Las posibilidades proporcionadas por la función de onda evolucionan de manera determinista, lo que significa que el determinismo clásico ya no existe, ya que ha sido reemplazado por una mezcla que podemos llamar semideterminismo.

Como Max Born había enfatizado, durante los tiempos entre mediciones los valores de la función de onda evolucionan de una manera perfectamente continua y determinista, dictada por alguna versión generalizada de la ecuación de Schrödinger. Mientras esto sucede, no se puede decir que el sistema tenga una configuración definida. (Weinberg 1992, “El Sueño de una teoría final”, 75).

Es cierto que, tras el advenimiento de la mecánica cuántica, el determinismo en la física newtoniana ya no existe, aunque la mayoría de las personas, en su vida cotidiana, no conozcan nada más que la física newtoniana y su determinismo. Sin embargo, después del advenimiento de la mecánica cuántica, ¡¿puede decirse que lo que la gente sabe es la realidad?!

Por lo tanto, tenemos más de una posibilidad para el futuro, y no podemos definir ninguna de ellas de manera determinista. {Dios borra lo quiere y confirma. Y junto a Él está la madre del libro.} Corán capítulo “El Trueno” 13:39.

Sin embargo, estas posibilidades están gobernadas por la evolución determinista de la función de onda. A través de la observación, reconocemos que una de ellas es la realidad que hemos obtenido.

No es ni libre albedrío ni determinismo. Por el contrario, se encuentra entre ellos. (Al-Kafi 1944, vol. 1, 160).


Extracto del libro “La Ilusión del Ateísmo” de Ahmed AlHasan (a)

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