El principio de incertidumbre en la mecánica cuántica plantea un problema extremadamente importante para los teóricos de un universo de la nada, o algo de la nada. El principio de incertidumbre establece que un vacío no puede estar completamente vacío de fluctuaciones cuánticas, porque, si así fuera, habría una posición con un valor fijo y una velocidad cero. Esto es una violación del principio de incertidumbre de Heisenberg, que establece que la posición, velocidad, valor y velocidad de cambio de un campo no pueden determinarse con precisión. La importancia de que haya fluctuaciones cuánticas en el vacío —en lo que a estas personas se refiere— es que esto significa que un vacío, o un espacio que esté vacío de cualquier cosa, puede producir algo en nuestro universo.

Tal como vimos en el Capítulo 2, la teoría cuántica implica que los campos no pueden ser exactamente nulos ni siquiera en lo que llamamos vacío. Si lo fueran, tendrían tanto un valor exacto de la posición, en el cero, y una tasa de cambio o velocidad que también valdría exactamente cero. Ello violaría el principio de incertidumbre, que exige que la posición y la velocidad no pueden estar bien definidas simultáneamente. Por ello, debe haber un cierto grado de lo que se denomina fluctuaciones del vacío (tal como el péndulo del Capítulo 2 tenía que tener fluctuaciones del punto cero). Las fluctuaciones del vacío pueden ser interpretadas de diversas maneras que parecen diferentes pero que de hecho son matemáticamente equivalentes. Desde una perspectiva positivista, tenemos la libertad de utilizar la imagen que nos resulte más útil para el problema en cuestión. En este caso, resulta conveniente interpretar las fluctuaciones del vacío como pares de partículas virtuales que aparecen conjuntamente en algún punto del espacio-tiempo, se separan y después vuelven a encontrarse y se aniquilan de nuevo la una con la otra. «Virtual» significa que estas partículas no pueden ser observadas directamente, pero sus efectos indirectos pueden ser medidos, y concuerdan con las predicciones teóricas con un alto grado de precisión (Hawking 2001, “El universo en una cáscara de nuez” 126).

La verdad es que, aunque se pruebe experimentalmente que el vacío en nuestro universo produzca algo de la nada, no se puede determinar dentro de los límites de nuestro universo una razón real de que el vacío produzca algo de la nada o de los cuantos que aparecen y desaparecen en el vacío. Ya se han mencionado los argumentos contra la mecánica cuántica, la posibilidad y el principio de incertidumbre. Una de las soluciones fue la solución Hugh, que supone que existen múltiples universos y que las posibilidades que no se hacen realidad en nuestro universo se hacen realidad en otro.

Por lo tanto, algunos astrónomos y físicos teóricos como Stephen Hawking, Lawrence Krauss y otros entusiastas del “algo que sale de la nada” —frase sobre la cual dijeron que el universo apareció de la nada, sin necesidad de una deidad— han construido su estructura sobre una base filosófica indefinida de la mecánica cuántica de la cual no hay evidencia alguna: anular la causalidad. Esto a pesar del conocimiento de que la teoría del universo múltiple es una fuerte competidora, y que la gravedad inexplicable, por ejemplo, puede ser un rastro proveniente de otro universo. Lo mismo ocurre con las fluctuaciones cuánticas que son rastros que nos llegan desde otros universos.

Además, aquellos que desean demostrar que el universo no requiere algo externo para poder establecerse, necesitan resolver el problema de la constante cosmológica, así como de la posibilidad de la existencia de nuestro universo y la teoría del universo múltiple antes mencionada. Las teorías de los múltiples universos pueden entrar en conflicto con el principio de anulación de la causalidad de la mecánica cuántica, ya que será fácil decir que las fluctuaciones cuánticas en el vacío son rastros de un universo adyacente, o fuerzas pasajeras de los múltiples universos. Por lo tanto, lo que Stephen Hawking, Lawrence Krauss y otros han construido sobre el ateísmo se convierte en una estructura colapsada y científicamente contradictoria.


Extracto del libro “La Ilusión del Ateísmo” de Ahmed AlHasan (a)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s