Dijo el Altísimo: {Cuando dijo tu Señor a los ángeles: ciertamente, soy creador de un humano de barro * Y cuando lo haya formado y sople en él de mi espíritu, caed hacia él postrados * Así pues, se postraron los ángeles, todos ellos en conjunto * excepto Iblís, se ensoberbeció y fue de los infieles * Dijo: oh, Iblís, ¿qué te impidió postrarte ante lo que he creado con mis manos? ¿Te has ensoberbecido o eres de los superiores? * Dijo: yo soy mejor que él, a mí me has creado de fuego y a él le has creado de barro * Dijo: entonces sal de allí, pues eres de los lapidados * Y ciertamente, sobre ti será mi maldición hasta el día del juicio * Dijo: Señor mío, entonces espérame hasta el día en que resuciten * Dijo: entonces has de ser de los que esperan * hasta el día del tiempo sabido * Dijo: así pues, por tu poder, he de seducirlos en conjunto * excepto a tus siervos que de ellos sean los sinceros * Dijo: entonces la verdad, y la verdad digo * que he de llenar el Infierno de ti y de quien te siga de ellos en conjunto}[1]

Dios Glorificado y Altísimo creó a Adán (a) y ordenó a los ángeles a postrarse ante él, y esta postración era un reconocimiento en práctica de la preferencia de Adán (a) sobre los ángeles (a), hechas por estos seres sagrados con lo que se adapta a su condición y mundo, y esta postración no fue hacia el cuerpo de Adán (a), sino hacia su espíritu y realidad, es más, fue a través de la realidad muhammadiana, el hombre completo y el velo más cercano, y a través de él, que se orienta hacia el Viviente que no muere, y el Glorificado no les ordenó postrarse hasta después de que derramó la imagen ideal sobre la materia de Adán (a) y sopló en él de su espíritu, Glorificado sea. Se narró en el hadiz del Profeta (s) lo que significa: “Dios creó a Adán a su imagen”,[2] es decir que Adán (a) o el hombre o digamos, la criatura, es capaz de reunir las perfecciones divinas lo más que pueda dentro de lo posible, y si Adán (a) no alcanza la distancia de dos arcos o menos, pues ha de alcanzarla quien sea de su descendencia elegida, el acendrado Muhammad (s), e Iblís (maldígale Dios) era consciente de algo de esta realidad, pero se amotinó y se postró con los ángeles y confinado a la Tierra, pues observó la materia de Adán (a) de la cual fue creado su cuerpo y la comparó con la energía o el fuego del cual él había sido creado, y dedujo que la energía es más noble que la materia, y pasó por alto a la realidad de Adán (a) y su proximidad a Dios. Así cayó Iblís en el abismo con su amplia ciencia y prolongado servicio; porque no fue un siervo sincero de Dios, sino que fue un siervo sincero a sí mismo, y buscaba la elevación y el ascenso con su servicio solamente.

Por lo tanto, la prueba de postrarse ante Adán (a) fue un gran desastre para él, un relámpago que cayó sobre su cabeza, y envidió a Adán (a), y si lo representas con tu intelecto lo verías en ese momento diciendo: he pasado todo este tiempo en adoración, ¿y Dios crea un siervo mejor que yo tan pronto como es creado y cuando se expresa? ¿Y lo eleva y lo asciende hasta llegar a poner a los ángeles por debajo de su rango? Y este fue el velo que le impidió apreciar la realidad de Adán, y lo empujó a buscar una excusa para evitar postrarse con la cual persuadirse y con la cual reñir con su Señor.

Y no fue la respuesta que Dios, Glorificado y Altísimo, le dio sino la expulsión y la maldición; porque fue de los que se negaron a pesar de la certeza de sus almas, por injusticia y altivez,[3] dijo el Altísimo: {Esa es la morada de la otra vida que hemos puesto para los que no quieren ser altaneros en la Tierra ni corrupción, y el final es para los devotos}.[4]

E Iblís (maldígale Dios) no era un ignorante al que se le enseñara, ni un desobediente al cual reprender, sino que era un sabio soberbio, y un déspota engreído sin freno, y su alma pasó a odiar a esta criatura nueva, haciendo de él la causa de su expulsión de la misericordia de Dios y tomándolo a él y a su descendencia como enemigos; y con esto pidió una espera y una postergación hasta el día de rendición de cuentas, para desviarlos del camino recto de Dios: {Dijo: pues por lo que me has tentado, he de sentarme para ellos en tu camino recto * luego he de llegar a ellos desde entre sus manos y desde detrás de ellos, y de su derecha y de su izquierda, y no encontrarás a la mayoría de ellos agradecidos}.[5]

Y el día del tiempo sabido es el día que se levanta el Imam AlMahdi (a), ya que fue mencionado en el hadiz de Ishaq Bin Ammar que dijo: le pregunté —es decir, al Imam (a)— acerca de la espera de Dios Altísimo a Iblís, de un tiempo sabido mencionado en su libro, y dijo: {Dijo: entonces ciertamente, eres de los que esperan * hasta el día del tiempo sabido},[6] dijo (a): “el tiempo sabido es el día que se levanta el Qaim, así pues, cuando Dios le envíe ha de ser en la mezquita de Kufa, y vendrá Iblís hasta hincarse sobre sus rodillas diciendo “ay de mí por este día”. Entonces él lo agarrará por el mechón de su pelo y golpeará su cuello, y ese es el día del tiempo sabido terminal”[7]

Y en el Evangelio el demonio es atado con cadenas en la Resurrección Menor, es decir, en el tiempo del levantamiento del Imam AlMahdi (a), en la visión de Juan dice: “… Y vi a un ángel que descendía del cielo, con la llave del abismo y una gran cadena en su mano.  Prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el Diablo y Satanás, y lo ató por mil años; y lo arrojó al abismo, y lo cerró y lo selló sobre él, para que no engañara más a las naciones, hasta que se cumplieran los mil años; después de esto debe ser desatado por un poco de tiempo”.[8]

Y del Sayed Ibn Tawus (Dios tenga misericordia) que dijo: encontré en el diario de Idrís, el profeta (a) lo mencionado con respecto a Iblís y la respuesta de Dios a él: “dijo: Señor, pues espérame hasta el día en que resuciten. Dijo: no, pero serás de los que esperan hasta el día del tiempo sabido, pues es el día de tu ejecución y tu demanda, he de purificar la Tierra ese día de la infidelidad, el politeísmo y la inmoralidad. Y he elegido para ese tiempo, siervos míos cuya fe ha sido probada en sus corazones, los cuales están repletos de piedad, sinceridad, certeza, devoción, reverencia, veracidad, tolerancia, paciencia, dignidad, religiosidad, renunciación al mundo y anhelo por lo que hay junto a mí, y haré de ellos misioneros del sol y la luna, y les haré representantes en la Tierra y fortaleceré para ellos su religión, la que me complace para ellos. Luego me servirán sin asociarme nada, establecerán el azalá en su tiempo y entregarán el azaque en su momento, y ordenarán lo reconocido y prohibirán lo reprobable. Y arrojaré en esa época la probidad sobre la Tierra, para que nada dañe a nada y nada tema a nada, entonces las alimañas y el ganado estarán entre los hombres y no se dañarán unos a otros, y quitaré el aguijón de cada alimaña y otras, y me llevaré el veneno de todo lo que pica, y haré descender bendiciones de los Cielos y la Tierra, y florecerá la Tierra con la belleza de su flora, y saldrán todos sus frutos y especies con perfumes. Y arrojaré la compasión y la misericordia entre ellos, y se confortarán, repartirán con igualdad y se enriquecerá el pobre, y no se engreirán unos con otros, el mayor será misericordioso con el menor y el pequeño venerará al mayor, y retribuirán con la verdad, y con ella juzgarán y gobernarán.

Esos son mis patronos, he escogido para ellos un profeta elegido, confiable, complacido, y le hecho para ellos, profeta y mensajero, y he hecho de ellos para él, amigos y partidarios. Esa es la nación que he escogido para mi profeta elegido, mi confiable, complacido. Ese es el tiempo que he velado en la ciencia oculta mía y que debe, definitivamente, ocurrir. Te aniquilaré ese día, a ti, a tus jinetes, a tus varones y a tus soldados en conjunto, así pues, anda, pues eres de los que esperan hasta el día del tiempo sabido”.[9]

Esta es la historia de Iblís, el sabio servicial que cayó en el abismo y cuya arrogancia lo condujo al Infierno, y en ella hay una lección para que el considerado considere y el recordador recuerde, ¡¿y dónde están los considerados y los recordadores?!

Dijo el Comandante de los Creyentes: “Así pues, considerad lo que hizo Dios con Iblís, cuando frustró su larga obra y su considerable esfuerzo, y fue siervo de Dios seis mil años, y no se sabe con seguridad si fueron años terrenales o años de la otra vida, por ensoberbecerse sólo una hora. Entonces ¿quién después de Iblís queda a salvo de Dios con tal ejemplo de desobediencia? Pues nadie. Dios, el Glorificado, no ha de hacer entrar al Paraíso a ningún humano con algo que ha hecho salir de allí a un ángel. La ley para los habitantes del Cielo y los habitantes de la Tierra es una. Y no hay entre Dios y ninguna de sus criaturas indulgencia, en una permisibilidad que ampare lo que Él ha prohibido a los mundos.

Así pues, cuidado, siervos de Dios, con que os contagie su infección, y os provoque su infección, y triunfe sobre vosotros con sus caballos y hombres, pues, por mi vida, que él ya os ha aventajado con la saeta y la amenaza, y ha tensado para vosotros el arco con fuerza, y ha apuntado desde un lugar cercano. Y dijo: {Dijo: Señor mío, por lo que me has tentado les agraciaré el mal en la Tierra y les tentaré en conjunto},[10] … y buscad refugio en Dios del osado soberbio, como os refugiáis de las desgracias de la eternidad.

Así pues, si Dios hubiera autorizado la soberbia a alguno de sus siervos la hubiera autorizado en particular a sus profetas y guardianes… y fueron personas vulnerables. Y Dios los sometió al hambre, los probó con el agotamiento, los examinó con el miedo, y los conmocionó con su decepción… y Moisés hijo de Imrán con su hermano Aarón (a) entraron a lo del Faraón vistiendo albas de lana y en sus manos cayados, le pusieron condiciones, que si aceptaba el Islam su reino permanecería, y a continuaci[on el poderoso les dijo: “¿no os maravillais de estos dos, que me ponen condiciones para continuidad del poder y permanencia del reino, siendo ambos lo que veis, de una situación pobre y humillante? ¿Pues por qué no llevan brazaletes de oro?” gloriándose del oro y todo lo suyo, y despreciando la lana y sus vestidos… Dios, temed a Dios del apremiante agravio, y la eventual gravedad de la injusticia, y del mal consecuente de la soberbia, pues esa es la trampa más grande de Iblís, y su mayor conspiración, la cual albergan los corazones de los hombres igual que un veneno mortal. Pues nunca se agota, y no quema a nadie, ni a un sabio con su saber, ni a un indigente en sus harapos… Dios, el Glorificado, no maldijo a las generaciones pasadas ante vosotros, excepto porque dejaron de ordenar lo reconocido y prohibir lo reprobable, pues Dios ha maldecido a los necios de cabalgatas pasadas, y a los pasivos que les han dejado continuar… ¿No habéis cortado ya los lazos del Islam, transgredido sus límites y aniquilado sus normas?… Y yo soy una gente que con respecto a Dios no teme la reprobación por estar de acuerdo, su aspecto es el aspecto de los veraces y sus palabras son las palabras de los virtuosos. Desvelados por la noche y faros por el día, sujetados con una cuerda al Corán, reviven la tradición de Dios y la tradición de su mensajero, no se engrandecen, ni se creen superiores, ni exageran, ni corrompen. Sus corazones están en el Paraíso y sus cuerpos en la acción”.[11]

[1] Sagrado Corán – Sura “Sad” (Sad): 71-85.

[2] At-Tauhid del Sheij As-Saduq: pág. 152, ‘Uyun Ajbar Ar-Reda (a): vol. 2, pág. 110, Musnad Ahmad: vol. 2, pág. 244, Sahih Bujari: vol. 7, pág. 125.

[3] Dijo el Poderoso y Glorioso: {Y las negaron a pesar de la certeza de sus almas, por injusticia y altivez} Sagrado Corán – Sura “An-Naml” (Las hormigas): 14.

[4] Sagrado Corán – Sura “Al-Qisas” (Las historias): 83.

[5] Sagrado Corán – Sura “Al-’Araf” (Las alturas): 16-17.

[6] Sagrado Corán – Sura “Al-Hiÿr” (El tracto rocoso): 37-38.

[7] Muntajab Al-Anwar Al-Madi’a: pág. 357, Bihar Al-Anwar: vol. 52, pág. 376.

[8] Sagrada Biblia – Apocalipsis cap. 20:1-3 (LBLA).

[9] Sa’d As-Sa’ud del Sayed Ibn Tawus: pág. 34 | Bihar Al-Anwar: vol. 52, pág. 385 | Ilzam An-Nasib: vol. 2, pág. 259 | Mu’ÿam Ahadiz del Imam AlMahdi (a): vol. 5, pág. 199.

[10] Sagrado Corán – Sura “Al-Hiÿr” (El tracto rocoso): 39.

[11] Nahyul Balaga: Jutba Al-Qasi’a, Nahyul Balaga con interpretación de Muhammad ‘Abdoh: vol. 2, pág. 183, Bihar Al-Anwar: vol. 14, pág. 466.


Extracto del libro “El Becerro” de Ahmed Alhasan (a)

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