“En nombre de Allah, el Misericordioso, el Compasivo, en Nombre de Allah, la Luz, en nombre de Allah, la Luz de la Luz, en nombre de Allah, la Luz sobre la Luz, en nombre de Allah, el Ordenador de todas las cosas, en nombre de Allah que ha creado la luz de la luz, y ha traído la luz sobre el Monte por medio de un Libro escrito en un pergamino enrollado…(1) Allah, el Glorificado, el Exaltado, es esa Luz pura en la cual ninguna oscuridad se anima a morar; es Él Quien ha creado la luz de la luz, y enviado Sus pruebas y autoridades (Huyyats) sobre Sus criaturas como Sus sucesores, los hizo descendientes a unos de otros. Los Imames y los Mahdis, que son las pruebas y autoridades de Allah sobre Sus criaturas, son luz de la luz, el Monte es el Monte Sinaí o el Valle de la Paz (en Naÿaf). En cuanto al Libro escrito, es el testamento del Mensajero de Allah en el cual descansan los nombres de los Huyyats (pruebas y autoridades de Allah) después de él. La luz duodecimana de los Imames (el Imam doceavo) y la primera luz de los Mahdis anticipará el testamento como un argumento en el momento de la Santa Aparición y un establecimiento del Estado de Justicia Divino en la Santa Naÿaf (Kufa), la capital del mundo. Algunas narraciones se refieren al Monte Sinaí y al valle sagrado de Dhu Tawa como el lugar donde descansan los restos del Príncipe de los Creyentes (La Sagrada Naÿaf).

  • Bajo la autoridad de Abu Ÿa’far (as) que dijo: “El testamento del Príncipe de los Creyentes (as) estipulo lo siguiente: “Cuando me lleves a la cumbre, a medida que llegues y un viento te reciba, entiérrame en la entrada del Monte Sinaí.(2)(3)
  • Bajo la autoridad de Abu Abdullah (as) que dijo: “Al-Gari es la pieza de tierra del monte cuando Allah se dirigió a Moisés.(4)
  • Abu Abdullah (as) dijo también: “Oh, Mufaddal, las porciones de la Tierra se enorgullecen de si mismas: La Ka’ba, la Casa Sagrada se enorgulleció sobre la tierra de Karbalâ. Entonces Allah reveló: “Oh, Casa Sagrada, continúa en silencio y no te enorgullezcas más sobre Karbalâ; porque es el lugar bendito donde una voz llamó a Moisés desde el árbol, es la colina en la que María (Maryam) e ‘Isà se refugiaron, y el molino donde Husayn (as) lavó su cabeza. En él María lavó a ‘Isà (as) y a sí misma después de haber dado a luz. También es una tierra buena en la cual el Mensajero de Allah (as) se detuvo durante su ausencia. Que nuestros Shi’as sean bendecidos con mucho bien de ella hasta la Aparición de nuestro Qâ’im (as).(5)
  • Bajo la autoridad del Imâm As-Sâdiq (as) que dijo: “El Qâ’im bajará del valle de Dhu Tawa, acompañado por trescientos trece hombres, el mismo número que la gente de Badr, y descansará su espalda sobre la Piedra cediendo el estandarte victorioso.(6)

Es el Imâm Al-Qâ’im (as) quien bajará del valle de Dhu Tawa y descansará sobre la Piedra como está mencionado en el hadiz; así que aprende lo que merezcas aprender, que Allah te haga el bien y no serás sorprendido. Este valle podría abrazar la tumba del Príncipe de los Creyentes, el “Yamâni” (la mano derecha) del Mensajero de Allah (PyB) y la Piedra pueden ser la Piedra Yamâni sobre la cual él descansará su espalda (la Piedra que es portadora del pacto y la promesa). Pero Allah, el Omnisciente sabe mejor, y las cosas pueden aclararse en su justo momento con respecto a lo que nos parece aparente en el momento, todo eso porque Allah desea preservar los aspectos gloriosos de las misiones divinas. En su manuscrito Ibn Hamâd relata bajo la autoridad de Muhammad bin ‘Alî (El Imâm Bâqir (as)),  que dijo: “Él buscará refugio en la Meca y setenta mil hombres serán enviados a combatirle liderados por un hombre de Qays. Cuando lleguen al valle,(7) entrarán todos en él hasta el último pero ni el primero conseguirá salir de él. Ÿibrîl llamará: “Oh, Baida’, oh, Baida’, su eco se esparce y alcanza este y oeste- Los traga porque no son del bien. Sólo un pastor de la montaña(8) estará ahí para ser testigo de la perdición de ellos; los verá siendo tragados y contará de ello. Cuando las noticias de ellos lleguen al que busca refugio en la Meca, se adelantará.(9) Para más información, menciono por la presente la respuesta del Sayed Ahmad Al-Hasan a la siguiente pregunta: P: “¿Podría haber una razón para el nacimiento de ‘Alî (as) en la Ka’ba?” R: La Ka’ba o Casa Sagrada de Allah no es más que una manifestación en la Tierra de la Casa de Allah ubicada en Reino de los Cielos, la cual los ángeles la circunvalan implorando el perdón de Allah por haberle contestado a Él respecto a Su califa Adam (as). Cuando éste usurpó el árbol de conocimiento de la descendencia de Muhammad (as) y el árbol de la wilaîa «Anteriormente, habíamos aceptado una promesa de Adán pero él la olvidó y no encontramos en él firmeza.»(10), esta es la firmeza de tolerar el wilaîa de la descendencia de Muhammad (as), Allah lo envió a la Tierra y lo exhortó a circunvalar la Ka’ba para expiar su negligencia. Entonces Allah prescribió la peregrinación (Hayy) a Su Casa Sagrada (La Ka’ba) como una forma de llamar a la gente a jurar lealtad a las pruebas y autoridades de Allah, cada uno a su tiempo, y hacerles reconocer la indulgencia de ellos y que la expíen. Más aún, Allah ordenó a los musulmanes tomar la Ka’ba como su Qibla (la dirección de ellos para rezar), diferente a las naciones precedentes que consideraban Al-Quds (Jerusalén) como la Qibla de ellos. Entre otras razones por el nacimiento de ‘Alî (as) en la Ka’ba, mencionamos la siguiente: 1- La Ka’ba está estrechamente vinculada con la jura de lealtad, porque Allah ordenó a los musulmanes ir en peregrinación a la Ka’ba para encontrar la jura de lealtad a los Huÿÿat (las pruebas de Allah) y expiar la negligencia de ellos. 2- La Ka’ba es la Qibla, que es la dirección a la cual los musulmanes miran para rezar y postrarse para adorar a Allah, el Glorificado y Exaltado, aunque previamente la postración sólo se debía a Adam (as), el sucesor y Huÿÿat de Allah; no, se debía a la luz de su descendencia, la luz de ‘Alî, el Príncipe de los Creyentes (as). Ciertamente, la primer dirección a la que los ángeles volvieron sus rostros fue ‘Alî Bin Abi Tâlib (as). La Qibla real no es la Ka’ba y las piedras que contiene sino la gema que produce la Ka’ba, en otras palabras, la prueba concluyente y la guardián verdadero designado por Allah, ‘Alî Bin Abi Tâlib (as). Por todas estas razones, la Piedra Negra fue puesta en esa esquina de la Ka’ba ya que es la portadora del pacto que Allah hizo con Su pueblo a través del wilaîa de ‘Alî Bin Abi Tâlib (as). Quien se vuelve hacia la Ka’ba está obligado a reconocer el wilaîa de ‘Alî Bin Abi Tâlib (as) a través de sus acciones aunque haya descreído en ella en su corazón y palabras. Allah Todopoderoso dijo: «Ante Dios se postran quienes están en los cielos y en la Tierra, así como sus sombras, de buen grado o a disgusto»(11) con “buen grado” Allah se refiere a los que reconocen el wilaya, y con “a disgusto” se refiere a los que se negaron a reconocerlo. Allah dijo también: «¿Acaso no habéis visto que para Dios se prosternan quienes están en los cielos y en la Tierra y el Sol y la Luna y las estrellas y las montañas y los árboles y los animales y muchos de los seres humanos? Pero muchos otros merecen el castigo. Quien es humillado por Dios no encontrará quien le honre. En verdad, Dios hace lo que quiere.»(12) Los que se postran para adorar a Allah y merecen el castigo son los que no reconocen el wilaîa de Ali (as) ni en lo que dicen ni en el corazón, pero exhortados a reconocerlo con sus actos y a través de postrarse en adoración ante la Ka’ba, el armazón en el cual nació ‘Alî. Allah, el Glorificado y Exaltado, humilló a los incrédulos al exhortarlos a postrarse así y los afligió «Quien es humillado por Dios no encontrará quien le honre.»(13) Por esto, la Qibla es la guía y presenta los creyentes a Allah Todopoderoso. Ciertamente, la verdadera Qibla es la persona perfecta a través de la cual Allah es reconocido, aún más, representa el rostro de Allah, el Glorificado y Exaltado, con el cual Él mira a Sus criaturas. Volverse a él es volverse a Allah, esta persona perfecta no es otro más que ‘Alî Bin Abi Tâlib (as), el maestro de los guardianes y el auliîa’. Allah lo hizo nacer en la Ka’ba para decirle a la gente que esta persona es su Qibla y que a él deberán ir en peregrinación. Él Todopoderoso también deseó hacer notar que Él creo la Ka’ba solo por causa de ‘Alî (as), y así él nació en ella, para que Él tuviera un hijo, que no sería ningún otro más que el nacido en Su casa: «Di: «Si el Clementísimo tuviera un hijo yo sería el primero en adorarle.»(14) ¿Podrían ser las piedras ser tomadas como Qibla o ser más valiosas que el que santifica esas piedras por haber salido de ahí? Con respecto a esto, Isa (as) dijo: “¡Oh, sabios de la falsedad! Ustedes afirman que los que juran por el templo rompen el juramento, mientras que los que juran por el oro del templo honran el juramento. ¿Qué es mayor, oh, ciegos ignorantes? ¿El oro o el templo que santifica el oro?”(15)


(1)- Mafatih Al-Ÿinân, p. 159. (2)- La entrada al Monte Sinaí que los ángeles trasladaron a Naÿaf. (3)- Bihâr Al-Anwâr del Ulema Al Maÿlisi, vol. 31, p. 219. (4)- Bihâr Al-Anwâr del Ulema Al-Maÿlisi, vol. 31, p. 219. (5)- Bihâr Al-Anwâr del Ulema Al-Maÿlisi, vol. 53, p. 11. (6)- Munadarat Fi Al-’Aqa’id, vol. 1 del Sheij Abdullah Al-Hasan, p. 471. (7)- Kamel Az-Ziyarat del Ÿa’far Bin Muhammad Bin Qulawaih, p. 85 (… bajo la autoridad de Abu Al-Hasan… cuando alcances el Zakawat Blanco (las colinas cercanas a la tumba de ‘Alî Bin Abi Tâlib) que miran al valle, encontrarás ahí la tumba del Príncipe de los Creyentes (as). La narración también está relacionada a la absorción y la distorsión efectuada por los eruditos y que es mencionada por el mensajero de Allah (as) en su testamento a Bin Mas’ud; ver págs. 71-72 de este libro. (8)- La cumbre de la montaña del valle (El Valle de la Paz) donde el Príncipe de los Creyentes está enterrado. (9)- ‘Asr Ad-Duhur de ‘Alî Al-Kurani, p. 134. (10)- Ta Ha (Ta Ha): 115. (11) Ar-Ra’ad (El Trueno): 15. (12)- Al-Haÿÿ (La Peregrinación): 18. (13)- Al-Haÿÿ (La Peregrinación): 18. (14) Az-Zujruf (Los Adornos): 81. (15)- Al-Mutashâbihât del Sayed Al-Yamâni Ahmad Al-Hasan, vol. 3, p. 58.